
🛒 Ingredientes
- 300g zapallo kabutia (o calabaza tipo butternut), en cubos de 2 cm
- 200g provoleta (queso provolone argentino, en una sola pieza gruesa)
- 2 cucharadas miel de caña (no la sustituyas por miel común: la de caña tiene un amargor que equilibra el plato)
- 1 rama romero fresco
- 2 cucharadas aceite de oliva virgen extra
- 1 pizca pimienta de cayena (opcional, pero le da ese *toque* que te hace volver por más)
- al gusto sal marina gruesa
- 1 diente de ajo, machacado (solo para frotar la sartén, no se come)
👨🍳 Preparación paso a paso
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Prepara el zapallo como si fuera oro: pélalo y córtalo en cubos exactos de 2 cm. Si son más grandes, no se cocinarán bien; si son más pequeños, se desharán. En un bol, mézclalos con 1 cucharada de aceite de oliva, una pizca de sal y la pimienta de cayena. Reserva.
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Calienta una sartén de hierro (o antiadherente gruesa) a fuego medio-alto. Frota el fondo con el diente de ajo machacado para aromatizar el aceite —este truco es clave: el ajo suelta sus compuestos sulfurados que luego realzarán el sabor del queso—. Añade el resto del aceite y espera 30 segundos hasta que brille.
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Dora los cubos de zapallo en una sola capa, sin amontonarlos. Déjalos 3 minutos por lado hasta que estén caramelizados por fuera y tiernos por dentro. Si los mueves mucho, no se formarán esos bordes crujientes que son la gloria del plato. Retíralos y reserva en un plato.
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Baja el fuego a medio-bajo y coloca la provoleta entera en la sartén. Cocínala 2 minutos por lado: el objetivo es que se forme una costra dorada sin que el queso se derrita del todo. Si tienes un soplete de cocina, úsalo ahora para darle un toque ahumado (opcional, pero épico).
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Vuelve a poner el zapallo en la sartén, alrededor del queso. Rocía todo con la miel de caña y esparce las hojas de romero fresco. Tapa la sartén con una tapa o un plato durante 1 minuto para que el vapor derrita ligeramente el queso y los sabores se integren. Sirve inmediatamente, con la provoleta aún burbujeante.
💡 Consejo del chef
El secreto está en la temperatura del queso: la provoleta debe alcanzar los 65°C en su interior para que se funda sin perder su estructura. Si la sartén está demasiado caliente (más de 180°C), el queso se quemará por fuera y quedará frío por dentro. Usa un termómetro de cocina si puedes, o haz la prueba del dedo: si al tocar la provoleta sientes que está caliente pero no quema, está lista. Además, la miel de caña carameliza a 110°C, así que añádela al final para que no se queme y amargue el plato.
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