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La zona de interés
**La zona de interés: el horror que no se ve, pero se huele**
El humo de las chimeneas mancha el cielo azul. Los niños juegan en el jardín, la madre poda las rosas y el padre, Rudolf Höss, comanda Auschwitz desde la comodidad de su casa, a solo unos metros de la alambrada. *La zona de interés* (2023) no muestra el campo de exterminio: lo sugiere en cada plano, en el eco de los gritos ahogados, en el olor a carne quemada que impregna hasta los sueños de la familia. Y eso es lo que duele.
Dirigida por Jonathan Glazer, esta coproducción británica-polaca no es una película sobre el Holocausto, sino sobre su normalización. Höss, interpretado por Christian Friedel con una frialdad escalofriante, cena con su mujer mientras supervisa la logística de la muerte. Hedwig, su esposa (Sandra Hüller, magistral), presume de su jardín como si el infierno no estuviera al otro lado del muro. El contraste es insoportable, y Glazer lo filma con una distancia clínica que lo hace aún más perturbador. No hay sangre, ni escenas de violencia explícita: solo la cotidianidad de un monstruo que se lava las manos antes de cenar.
El reconocimiento no tardó en llegar. Ganó el Oscar a Mejor Película Internacional y el BAFTA a Mejor Película Extranjera, pero más que premios, lo que merece es ser recordada como una de esas obras que te dejan sin aliento. No por lo que muestra, sino por lo que te obliga a imaginar. Y eso, en el cine, es lo más difícil de lograr.
No es una película fácil. No es una película que "mola". Es una película que te clava en la butaca y te obliga a mirar de frente a la banalidad del mal. Y eso, hoy, sigue siendo necesario.
☆☆☆☆☆
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Siempre Alice
Alice Howland tiene 50 años y es una profesora universitaria de prestigio en lingüística. Su vida da un vuelco cuando le diagnostican alzhéimer de inicio temprano. La película, *Siempre Alice*, sigue su lucha por mantener su identidad mientras la enfermedad borra sus recuerdos, su lenguaje y hasta su capacidad para reconocer a sus seres queridos.
Julianne Moore entrega una interpretación desgarradora que le valió el Oscar a Mejor Actriz. No es un papel fácil: Alice pasa de ser una mujer brillante y segura a depender de notas adhesivas para recordar su propia dirección. La cámara no se regodea en el drama, pero tampoco lo esquiva. Cada escena duele porque Moore lo hace real, sin aspavientos.
El director, Richard Glatzer, y Wash Westmoreland firman un guion que evita el sentimentalismo barato. No hay villanos ni soluciones mágicas, solo la crudeza de una enfermedad que avanza sin piedad. La película no busca conmover con golpes bajos, sino mostrar cómo el alzhéimer desmonta una vida pieza a pieza. Y lo logra.
El reparto secundario —Kristen Stewart, Alec Baldwin, Kate Bosworth— aporta matices sin robar protagonismo. Stewart, en particular, sorprende con una sobriedad poco habitual en ella. Pero el peso recae sobre Moore, y lo aguanta con una dignidad que quita el aliento.
*Siempre Alice* no es una película sobre la muerte, sino sobre lo que queda cuando la memoria se va. No es perfecta —algunos diálogos suenan demasiado explicativos—, pero su honestidad la salva. Si buscas un drama que no te trate como a un niño, este es el tuyo. Eso sí: lleva pañuelos.
☆☆☆☆☆
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La habitación
**La habitación**: el encierro que nadie olvidará
Brie Larson abre la puerta de un cobertizo de nueve metros cuadrados y el mundo entero se estremece. No es una metáfora. Es la primera escena de *La habitación* (2015), y basta ese plano —un rostro contra la luz, un espacio que huele a humedad y a miedo— para entender que no estás ante un drama convencional, sino ante un puñetazo en el estómago disfrazado de cine.
La película, dirigida por Lenny Abrahamson, se basa en la novela de Emma Donoghue (que también firma el guion) y narra la historia de Joy y su hijo Jack, atrapados en un zulo desde que él nació. Siete años de rutina forzada, de juegos inventados entre cuatro paredes, de una madre que convierte el horror en cuentos para no enloquecer. Larson borda el papel: su interpretación no es buena, es necesaria. Cada gesto —el temblor de las manos al servir la comida, la sonrisa que se quiebra al mentirle a su hijo— pesa como un ladrillo. Por eso el Oscar no fue un premio, sino un reconocimiento tardío a una actriz que se dejó la piel en el papel.
Lo más inquietante de *La habitación* no es el encierro, sino cómo el director lo filma. Abrahamson evita el sensacionalismo: no hay escenas de violencia explícita, ni villanos caricaturescos. El monstruo aquí es la normalidad distorsionada, la cotidianidad convertida en jaula. Cuando Jack (Jacob Tremblay, un niño que roba cada plano) descubre que existe un "afuera", la película da un vuelco. Ya no es un relato de supervivencia, sino una reflexión sobre la libertad: ¿cómo se aprende a vivir cuando el mundo es más grande que tu imaginación?
No es una película fácil. Hay momentos en los que cuesta respirar, otros en los que dan ganas de gritar. Pero eso es justo lo que la hace grande: *La habitación* no te deja mirar hacia otro lado. Y cuando termina, sigues viendo ese cobertizo en cada esquina, como un fantasma que se niega a irse. Brutal.
☆☆☆☆☆
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La favorita
Principios del siglo XVIII. Inglaterra está en guerra con los franceses. Una reina debilitada, Anne (Olivia Colman), ocupa el trono y su amiga Lady Sarah (Rachel Weisz) gobierna el país en su ausencia, debido a su estado de salud y a su carácter inestable. Cuando una nueva sirvienta aparece, Abigail (Emma Stone), su encanto seduce a Sarah. Sarah ayuda a Abigail y ésta ve una oportunidad para regresar a sus raíces aristocráticas. Como la política ocupa gran parte del tiempo de Sarah, Abigail empieza a acompañar con más frecuencia a la Reina. Desarrollarán una amistad que Abigail aprovechará para saciar sus ambiciones.
☆☆☆☆☆
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Judy
**Judy: el último acto de una leyenda**
Londres, 1968. Judy Garland, con 47 años y la voz aún capaz de partirte el alma, arrastra una vida de contratos incumplidos, pastillas y hoteles de paso. La película no edulcora nada: ahí está Renée Zellweger, con esa mirada de ciervo herido y una interpretación que te clava en el asiento. No es una biografía al uso, sino un retrato crudo de sus últimos meses, cuando el mito se desmorona en tiempo real.
El guion se centra en su gira por el Reino Unido, donde Garland intenta resucitar su carrera entre promesas rotas y noches de borracheras. No hay heroísmo, solo supervivencia. Zellweger no imita a Judy: la habita. Cada temblor de voz, cada gesto de cansancio acumulado, es tan real que duele. Y cuando canta *"Over the Rainbow"* en un teatro medio vacío, el público en la sala —y el espectador— entiende por qué esta mujer fue un huracán y por qué el mundo la dejó caer.
El film ganó el Oscar a Mejor Actriz (y el BAFTA, por si quedaba duda). Pero más allá de los premios, lo que queda es la sensación de estar viendo algo íntimo, casi robado. No es una película sobre el estrellato, sino sobre su precio. Y Zellweger, con una entrega física y emocional brutal, lo paga en pantalla. Eso sí: si buscas el brillo de Hollywood, aquí solo encontrarás su reverso oscuro.
☆☆☆☆☆
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Los ojos de Tammy Faye
Los ojos de Tammy Faye (2021) es una película. Galardonada en los Premios Oscar (Mejor Actriz (Jessica Chastain)). Una de las películas más destacadas del cine reciente.
★★★☆☆
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La teoría del todo
La teoría del todo (2014) es una película. Galardonada en los Premios Oscar (Mejor Actor (Eddie Redmayne)). Una de las películas más destacadas del cine reciente.
★★★☆☆
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El instante más oscuro
El instante más oscuro (2017) es una película. Galardonada en los Premios Oscar (Mejor Actor (Gary Oldman)). Una de las películas más destacadas del cine reciente.
★★★☆☆
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El padre
Anthony Hopkins clava el papel de su vida en *El padre* (2020), un drama que desarma al espectador sin alzar la voz. La película no necesita gritos ni golpes bajos: con un guion que se enrosca como un laberinto y una dirección que convierte cada plano en un espejo roto, logra algo más difícil que ganar premios —te hace sentir el vértigo de perder la memoria en carne propia.
No es casualidad que Hopkins se llevara el Oscar y el BAFTA a Mejor Actor. Su interpretación de Anthony, un hombre que se resiste a aceptar que su mente ya no responde, es de esas que te dejan sin aliento. No hay sobreactuación, ni gestos grandilocuentes: solo la crudeza de un anciano que se aferra a su dignidad mientras el mundo se le desmorona. Olivia Colman, en el papel de su hija, completa el duelo con una contención que duele más que cualquier llanto.
Lo brillante de *El padre* está en cómo juega con la perspectiva. La película no te explica qué está pasando; te arrastra al caos de Anthony, donde las puertas cambian de lugar, los rostros se transforman y la realidad se vuelve un rompecabezas sin solución. El director, Florian Zeller, adapta su propia obra de teatro con una inteligencia que pocos cineastas logran: cada escena es un puñetazo disfrazado de cotidianidad.
No es una película fácil. No hay redención ni finales felices, solo la verdad incómoda de una enfermedad que no perdona. Pero es necesaria. Porque *El padre* no habla de la vejez, sino de lo que significa dejar de ser quien eras. Y eso, en un cine saturado de efectos y discursos grandilocuentes, es un milagro.
☆☆☆☆☆
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El método Williams
El método Williams (2021) es una película. Galardonada en los Premios Oscar (Mejor Actor (Will Smith)); también reconocida en los Premios BAFTA (Mejor Actor (Will Smith)). Una de las películas más destacadas del cine reciente.
★★★☆☆
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La ballena
Un profesor de escritura severamente obeso intenta reconectar con su hija adolescente en sus últimos días de vida.
MOVISTAR
★★★★☆
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El poder del perro
**El poder del perro: la crueldad que se esconde tras la mirada de Benedict Cumberbatch**
Montana, 1925. Un rancho solitario, un silencio que pesa más que las montañas. Allí, Phil Burbank (Benedict Cumberbatch) domina a su hermano George (Jesse Plemons) con una mezcla de desprecio y superioridad que parece tallada en piedra. Cuando George se casa con Rose (Kirsten Dunst), una viuda frágil y desesperada, Phil desata una guerra psicológica tan sutil como implacable. No hay gritos, ni golpes: solo miradas, gestos calculados y el eco de un banjo que se clava en los nervios como un cuchillo. Jane Campion, la directora neozelandesa, convierte este triángulo en un estudio de poder, masculinidad y soledad que duele más que cualquier western clásico.
No es casualidad que *El poder del perro* arrasara en los premios. Ganó el BAFTA a Mejor Película y Mejor Dirección, repitió en los Globos de Oro (donde también se llevó el premio a Mejor Película Dramática) y le valió a Campion su primer Oscar como directora. Pero más allá de los galardones, lo que queda es la sensación de haber visto algo raro: un drama rural que huele a sudor, a cuero viejo y a resentimiento acumulado durante décadas. Cumberbatch, en un papel que le exigió aprender a tocar el banjo y domar caballos, entrega una interpretación que quema. No es el villano de manual, sino un hombre roto que se aferra a su crueldad como único escudo.
El acierto de Campion está en no explicar, en dejar que el espectador complete los huecos. ¿Por qué Phil odia tanto a Rose? ¿Qué hay detrás de su obsesión por el difunto Bronco Henry? La película no da respuestas fáciles, porque la vida tampoco las tiene. En su lugar, ofrece imágenes que se clavan: un caballo encabritado, una mano temblorosa sirviendo whisky, un cuerpo que se dobla bajo el peso de la humillación. Eso es *El poder del perro*: un puñetazo envuelto en terciopelo. Y duele, vaya si duele.
★★★★☆
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La forma del agua
Baltimore, 1962. En un laboratorio militar de alta seguridad, una mujer muda limpia los suelos mientras el mundo sigue su curso indiferente. Hasta que un día, entre los tanques de experimentación, aparece algo que no debería estar ahí: una criatura anfibia capturada en la Amazonía, mitad hombre, mitad dios. La forma del agua no es solo una película de Guillermo del Toro; es un cuento oscuro que el cine necesitaba.
No es casualidad que arrasara en los Oscar —mejor película, mejor director— ni que Del Toro firmara aquí su obra más personal. La historia de Elisa, la limpiadora, y su amor imposible con el monstruo acuático desafía los géneros con una elegancia que pocos directores logran. No es fantasía pura, ni romance convencional, ni siquiera un drama político disfrazado: es todo eso a la vez, pero contado desde el silencio.
Lo que más sorprende no es el diseño de la criatura —aunque Del Toro se luce con un ser que parece tallado en pesadillas—, sino cómo la película convierte lo marginal en heroico. Elisa, interpretada por Sally Hawkins sin decir una palabra, habla más con sus manos y miradas que muchos protagonistas con diálogos interminables. El monstruo, lejos de ser un villano, es la víctima perfecta: un espejo de los excluidos, de los que el mundo prefiere no ver.
El mérito está en que no cae en el sentimentalismo fácil. Hay violencia, traición y un villano —Michael Shannon en su mejor versión de militar sádico— que te hace odiar el sistema con cada escena. Pero también hay baile, música de los años 50 y un final que, contra todo pronóstico, te deja con una sonrisa. Eso es Del Toro: un tipo que cree en los finales felices, pero solo después de haberte hecho sufrir un poco.
No es una película para todos. Si buscas acción trepidante o diálogos ingeniosos, aquí no los encontrarás. Lo que hay es algo más raro: una fábula sobre la soledad, el deseo y la redención, filmada con la textura de un sueño húmedo. Y eso, en 2017, fue un soplo de aire fresco. O de agua, mejor dicho.
★★★★☆
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Green Book
Green Book (2018) es una película procedente de EE.UU. Galardonada en los Premios Oscar (Mejor Película). Una de las películas más destacadas del cine reciente.
★★★☆☆
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Nomadland
Fern se queda sin casa, sin trabajo y sin marido en el mismo año. Con sesenta y tantos, la crisis del 2008 le ha arrebatado todo menos el viejo monovolumen que ahora es su hogar. Nomadland no es una película sobre la pobreza: es un retrato de quienes eligen —o se ven obligados a elegir— vivir al margen, moviéndose entre trabajos temporales y paisajes que parecen sacados de otro siglo.
Chloé Zhao filma este drama con una mirada que duele por lo cercana. No hay melodrama ni victimismo: solo la rutina de Frances McDormand como Fern, una mujer que lava platos en un almacén de Amazon, duerme en campings de carretera y comparte fogatas con otros nómadas. La cámara sigue sus pasos sin prisa, como si cada plano respirara al ritmo de los desiertos de Nevada o las llanuras de Dakota. No es casualidad que Zhao ganara el Oscar a Mejor Dirección: su película no explica, muestra.
El reparto es casi un coro de rostros reales. Junto a McDormand, muchos de los personajes son nómadas auténticos, como Linda May o Swankie, que interpretan versiones de sí mismos. Eso le da a Nomadland una autenticidad que pocas películas logran: aquí no hay actores recitando diálogos, sino vidas que se despliegan ante la cámara. El resultado no es solo una crítica social —aunque la haya—, sino algo más incómodo: un espejo de lo frágil que es el sueño americano.
Los premios llegaron como aval: tres Oscars (Película, Dirección, Actriz), dos BAFTA y dos Globos de Oro. Pero más que los galardones, lo que queda es esa sensación de haber visto algo necesario. No es una película que te deje indiferente, ni mucho menos. Fern podría ser tu vecina, tu madre, o tú dentro de veinte años. Y eso, al final, es lo que duele.
★★★★☆
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Todo a la vez en todas partes
Todo a la vez en todas partes (2022) es una película procedente de EE.UU. Galardonada en los Premios Oscar (Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actriz (Michelle Yeoh)). Una de las películas más destacadas del cine reciente.
★★★☆☆
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Ocho apellidos vascos
Rafa, un sevillano de pura cepa, se enamora perdidamente de Amaia, una chica vasca con un encanto que lo deja flipado. Para conquistarla, tiene que hacerse pasar por vasco ante su familia, lo que se convierte en una misión casi imposible. La película "Ocho apellidos vascos" es una comedia que se burla de los estereotipos regionales españoles con una gracia y una naturalidad que la hacen destacar. Con un ritmo trepidante y un humor que no da tregua, esta película logró batió todos los récords y se convirtió en un fenómeno cinematográfico en España. Lo que funciona aquí es la capacidad de reírse de uno mismo y de los prejuicios regionales, algo que no siempre es fácil de hacer. La película tiene un punto de autenticidad que la hace molar, y su capacidad para jugar con los estereotipos es simplemente brutal. Lógicamente, "Ocho apellidos vascos" haya sido un éxito, pero lo que realmente funciona es su capacidad para hacernos reír y reflexionar sobre nuestras propias diferencias regionales.
☆☆☆☆☆
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Parásitos (Parasite)
La familia Kim, que vive en un sótano pobre de Seúl, va infiltrándose poco a poco en la vida de los Park, una familia adinerada. Lo que empieza como un plan astuto se convierte en algo mucho más oscuro.
★★★★☆
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El gran Lebowski (The Big Lebowski)
Jeffrey Lebowski —el Nota— es un desempleado de Los Ángeles que solo quiere jugar a los bolos cuando unos matones lo confunden con un millonario del mismo nombre. Los hermanos Coen construyeron uno de los enredos más absurdos y entrañables del cine de los 90, con Jeff Bridges creando el personaje más relajado de la historia del cine americano y John Goodman robando cada escena en la que aparece.
★★★★☆
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Shutter Island
El año 1954. El agente federal Teddy Daniels y su nuevo compañero Chuck Aule viajan a la isla Ashecliffe, un hospital psiquiátrico de alta seguridad situado en una isla de la bahía de Boston, para investigar la desaparición de una paciente. Mientras una tormenta los atrapa en la isla, Teddy descubre que el caso tiene más capas de las que el director del hospital quiere revelar, y que las líneas entre los pacientes y los investigadores son más difusas de lo esperado.
★★★★☆
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Perdida
En la noche del quinto aniversario, Amy Dunne desaparece. Los primeros indicios apuntan a su esposo, Nick. David Fincher convierte la novela de Gillian Flynn en una obra de frialdad calculada, desenterrando capas de engaño en un thriller matrimonial que, con ironía mordaz, se vuelve una sátira sobre el matrimonio, los medios y las mentiras que construimos. Rosamund Pike ofrece una de las interpretaciones más inquietantes de la década.
☆☆☆☆☆
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Hijos de los hombres (Children of Men)
El año 2027. La humanidad ha dejado de reproducirse y hace dieciocho años que no nace ningún niño. En un Reino Unido convertido en estado policial que persigue inmigrantes, Theo Faron, un funcionario cínico y depresivo, acepta esconder y transportar a Kee, una joven refugiada africana que milagrosamente está embarazada. Alfonso Cuarón filmó con planos secuencia de cine de guerra la película de ciencia ficción más política y más técnicamente osada de los años 2000.
★★★★☆
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Ciudad de Dios
La escena abre con un disparo que resuena en las estrechas calles de la favela de Río de Janeiro. Buscapé, entre la pobreza y la violencia, observa cómo el crimen se convierte en la norma de su generación. Fernando Meirelles y Kátia Lund, en su primera colaboración, cuentan la historia del ascenso del crimen organizado en la Ciudad de Dios desde los años 60 hasta los 80. Su estilo visual, marcado por planos rápidos y una paleta de colores crudos, rompe con las convenciones y se vuelve referencia para la acción contemporánea. Basada en la novela autobiográfica de Paulo Lins, la película recibió cuatro nominaciones a los Oscar y redefinió la percepción internacional del cine brasileño. Me dirijo a los lectores con la certeza de que esta obra no solo documenta una realidad brutal, sino que también ofrece un espejo que refleja la compleja relación entre poder, pobreza y supervivencia.
☆☆☆☆☆
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El juicio de los siete de Chicago (The Trial of the Chicago 7)
En 1969, siete activistas antibelicistas —entre ellos Abbie Hoffman, Tom Hayden y Bobby Seale— son juzgados por conspiración e incitar a los disturbios del parque Grant durante la Convención Demócrata de Chicago de 1968. El guion de Aaron Sorkin convierte el juicio más politizado de la historia americana en un drama de sala vertiginoso, con un juez claramente parcial y unos acusados que convierten el proceso en teatro político. Sacha Baron Cohen como Abbie Hoffman roba cada escena en la que aparece.
★★★★☆
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