🎬 Películas de Javier Bardem (4)
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Javier Bardem no necesita presentación, pero ahí va una que le hace justicia: el tipo que entró en un bar de Texas con un peinado de los ochenta, un acento que no era ni español ni americano y una mirada capaz de helar la cerveza en la barra. Solo él podía convertir a Anton Chigurh en algo más que un villano: en un fantasma con pistola de aire comprimido, en la pesadilla que Hollywood no sabía que necesitaba. Y lo hizo en *No Country for Old Men*, la película que le dio el Oscar al Mejor Actor de Reparto en 2008. No fue un premio más. Fue la confirmación de que Bardem no actúa: habita. Nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1969, Bardem lleva el cine en la sangre. Su madre, Pilar Bardem, fue una actriz clave en el teatro y el cine español; su abuelo, Rafael Bardem, un nombre respetado en la escena de los cincuenta. Pero él no quiso ser un heredero. Desde sus primeros papeles en *Jamón, jamón* (1992) —donde ya dejaba claro que el erotismo y la crudeza podían ir de la mano— hasta su transformación física y mental en *Mar adentro* (2004), Bardem demostró que el método no era solo para los americanos. Para interpretar a Ramón Sampedro, el tetrapléjico que luchó por el derecho a morir, se pasó meses en una silla de ruedas, hablando con pacientes reales y dejando que el dolor se le metiera en los huesos. No hubo trampa: solo un actor dispuesto a desaparecer dentro del personaje. Y luego está el otro Bardem: el que se ríe de sí mismo en *Vicky Cristina Barcelona* (2008), el que baila flamenco en *Biutiful* (2010) —otra nominación al Oscar—, el que se pone un bigote ridículo en *Skyfall* (2012) y convierte a un villano de James Bond en un tipo con más matices que el propio 007. Es ese equilibrio entre lo grotesco y lo sublime lo que define su carrera. No elige papeles fáciles. Elige los que le obligan a romperse y reconstruirse, como hizo con *Dune* (2021), donde su personaje, el barón Harkonnen, es pura maldad con estilo, o en *Being the Ricardos* (2021), donde se metió en la piel de Desi Arnaz con una precisión que sorprendió hasta a los fans más acérrimos de *I Love Lucy*. Pero si hay algo que define a Bardem más allá de los premios y las películas, es su capacidad para moverse entre mundos sin perderse. En Hollywood es un actor de prestigio; en España, un referente cultural que no se corta a la hora de criticar la política o el trato a los migrantes. Casado con Penélope Cruz desde 2010 —una pareja que, seamos honestos, parece sacada de un guion de Almodóvar—, juntos han formado una familia (tienen dos hijos) y una alianza artística que ha dado joyas como *Los abrazos rotos* (2009) o *Loving Pablo* (2017). No es el típico "power couple" de Hollywood: es más bien como si dos fuerzas de la naturaleza hubieran decidido compartir escenario sin pisarse los diálogos. Lo interesante de Bardem es que nunca ha caído en la autocomplacencia. Podría haberse quedado en el cine
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