
🎮 Sobre el juego
Una chispa se abre paso entre la neblina del bosque, y Ori, el pequeño guardián de luz, se lanza de inmediato a rescatar su hogar. El juego, *Ori and the Blind Forest*, combina la precisión de un platformer con la exploración característica de los metroidvania, todo envuelto en una estética que parece sacada de un libro de cuentos ilustrado. Cada salto, cada corriente de viento, se siente como una pincelada viva; la belleza visual va de la mano con una dificultad que no perdona errores.
Desarrollado por Moon Studios y publicado por Microsoft Studios en 2015, el título se estrenó en Xbox One y PC, y más tarde encontró su camino a la Nintendo Switch. La historia gira en torno a la muerte de un árbol milenario y la amenaza que ello supone para la vida del bosque. Ori, guiado por la luz de Ku, debe recuperar fragmentos de energía para restaurar la armonía. La narrativa, aunque breve, logra conectar emocionalmente con el jugador sin recurrir a diálogos extensos; la música de Gareth Coker acompaña cada escena, creando una atmósfera que, en mi caso, resulta difícil de olvidar.
El diseño de niveles es una de sus mayores virtudes. Cada zona está interconectada, y el mapa se despliega como un rompecabezas que exige volver a pasar por áreas antes inaccesibles. Los poderes que Ori adquiere –como el salto doble o la capacidad de deslizarse por el aire– no son meros añadidos estéticos; redefinen la forma de abordar cada desafío. No es raro
Pocos juegos son tan bonitos. El plataformeo es exigente y la banda sonora te rompe por dentro.



