El nearshoring y las subvenciones europeas traen de vuelta la producción a España

En una nave de Zaragoza ya vibra el sonido de máquinas de coser que hace años solo escuchábamos en China. Hoy, una empresa textil anuncia que su nueva línea de producción se quedará en Aragón, impulsada por el nearshoring y los fondos del Plan de Recuperación de la UE. No es un caso aislado: fabricantes de electrónica y de componentes automotrices también están instalando fábricas en el País Vasco y Cataluña, señal de una reindustrialización que gana velocidad.

La economía española ha demostrado una capacidad de recuperación que sorprende. Tras la pandemia, el PIB dio un salto superior al pronosticado, impulsado por el turismo, la exportación agroalimentaria y la atracción de inversión extranjera. España ocupa la segunda posición mundial como destino turístico, lidera la producción de aceite de oliva y se sitúa entre los principales exportadores de vehículos y maquinaria de la UE.

Para la gente, los números macro son menos relevantes que la factura del supermercado, el alquiler y el sueldo del último día del mes. La inflación ha mermado el poder adquisitivo, sobre todo de los hogares con ingresos medianos y bajos. En mi opinión, las medidas de vivienda asequible, el aumento del SMI y las ayudas a la energía son los verdaderos salvavidas que tocan la vida cotidiana. Estas políticas, combinadas con la vuelta de la fabricación al país, podrían marcar el inicio de una nueva fase de crecimiento sostenible.