Según informa El Economista, Ucrania ha realizado 194 ataques a las grandes refinerías de Rusia en lo que lleva del año. Cada incursión ha reducido la capacidad de producción de combustible del país vecino, afectando tanto el suministro interno como las exportaciones.

Radio Free Europe/Radio Liberty ha señalado que los ataques ucranianos a 21 petroleros de la llamada "flota fantasma" rusa han obligado a Moscú a suspender el tráfico marítimo en el Mar de Azov. La medida ha detenido el paso de buques que transportan granos y carburantes, impactando la cadena logística regional.

Fuentes del sector citadas por Reuters y Bloomberg indican que el gobierno ruso ha prohibido la exportación de diésel tras la creciente presión sobre sus instalaciones energéticas. La prohibición busca preservar el escaso suministro interno, pero genera una escasez que repercute en los mercados internacionales.

El Economista ha informado que Ucrania tiene casi listos sus propios misiles balísticos con capacidad para alcanzar Moscú y eludir la defensa antimisiles rusa. Los analistas consideran que la disponibilidad de estos sistemas podría cambiar la dinámica del conflicto.

En respuesta a los ataques, Rusia ha lanzado misiles y drones sobre territorio ucraniano. NBC News reportó que dos personas murieron y 19 resultaron heridas en el último ataque ruso, evidenciando la escalada de la violencia.

Según The Independent, la situación ha generado ansiedad y enojo entre la población rusa, creando un escenario de creciente presión interna sobre el presidente Vladimir Putin. Observadores internacionales advierten que la combinación de escasez de combustible, restricciones al comercio y la posibilidad de una nueva fase balística podría intensificar las represalias contra Europa.