Chat Valera
La ciudad trujillana entre montañas venezolanas, cuna de artistas y deportistas. Valeranses hablando de ferias patronales, café andino y la tranquilidad del interior.
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Sobre Chat Valera
El sol ya se había ido y el aroma de café andino se colaba por la ventana de la casa de Valerio. Con un teclado viejo, el 15 de abril, le preguntó a la sala: “¿Alguien sabe si la feria de la Virgen de la Candelaria sigue abierta en 2025?” Valerio, que había llegado a Trujillo para trabajar en una gráfica, había probado el caldo de pata en la feria y desde entonces no dejó de preguntar. Cuando la respuesta llegó, se sintió en casa.
En la sala se resuelven debates que duran semanas: “¿El café de la zona es mejor que el de Caracas?” y “¿Qué tal el pastel de guayaba de la pastelería La Rosa?” Los chistes sobre los “valeranos de la calle 12” y los “tacos de la esquina” no tardan en aparecer. Un día alguien preguntó cómo conseguir una licencia de importación de vinagre para un negocio de repostería, y otra persona, con tono de broma, respondió: “Solo pasa por la embajada, sin la tarjeta de la familia de la chamba, no hay nada que hacer”. A veces la conversación se calienta, como cuando se discute si la novela “El túnel” de Neruda es mejor que la de Camilo José Cela.
Lo que diferencia a esta sala es el acento dominante: “¡Quiubo, pues!” y el uso de “parcero” en vez de “compañero”. Los usuarios se llaman entre sí “valerano” y “cocarrú”. La tradición no escrita es que los viernes por la noche se cambian fotos de la feria y se hace un “saludo” de 5 segundos en el chat. También hay una rivalidad amistosa con la sala de Mérida, donde los usuarios dicen que su café no tiene “sabor a montaña” y se responden con “¡No te pases, que la cumbre es nuestra!”.
Para entrar basta con abrir ChatZona, conectarte al IRC con cualquier nombre y listo. No se necesita registro y la sala funciona desde 2007. Si no responden en los primeros dos minutos, es porque están tomando un café con la familia y luego volverán a ti con el mismo “¡Quiubo, pues!”.