Chat Texcoco
Los texcocanos del lago que ya no está: tierra de Netzahualcóyotl, el tianguis más grande del Valle y los viveros de flores.
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Sobre Chat Texcoco
Don Chuy se conectó a las seis de la tarde desde un ciber de la calle Juárez, el mismo donde hace quince años aprendió a chatear para mandar fotos de sus rosales a su hijo en Chicago. Hoy no busca consejos de poda, sino la receta exacta del *mole de olla* que su abuela hacía con chiles del tianguis de Texcoco —el que abría los domingos antes del amanecer, cuando el olor a tierra mojada se mezclaba con el de las tortillas recién hechas—. En la sala, alguien ya le respondió con un *"¿con hueso o sin hueso, compa?"* y un enlace a un video de YouTube donde una señora de San Bernardino explica el punto del epazote. Don Chuy sonríe: sabe que aquí no le van a soltar un *"busca en Google"*, sino que le van a discutir si el mejor tianguis es el de Texcoco o el de Toluca, como cada vez que alguien menciona los mercados.
Los martes, la sala huele a polémica: alguien sube una foto de la laguna seca y se arma el debate sobre si Netzahualcóyotl lloraría o se reiría al ver los viveros convertidos en fraccionamientos. *"Aquí hasta el chisme es histórico"*, dice *La Güera*, una usuaria que lleva años documentando cómo los apodos de la colonia —*El Chango*, *La Tostada*— se heredan como los nombres de las calles. Hay quien pregunta por el mejor lugar para comprar *trompo al pastor* después de las tres de la mañana (respuesta unánime: *"El de la esquina de Morelos, pero lleva cash"*), y quien comparte memes de cuando el lago todavía existía y la gente cruzaba en lancha para ir al cine. También hay espacio para lo urgente: cuando el temblor del 2017, la sala se llenó de *"¿están bien?"* y direcciones de albergues antes de que las noticias oficiales dijeran algo. Aquí no se habla de *"la comunidad"*, se habla de *"los que nos tocó vivir con el polvo de los ladrillos en los pulmones y el olor a flor de cempasúchil en octubre"*.
Lo que no tiene esta sala en ningún otro lado es el *ritual de los viernes*: a las nueve en punto, alguien —siempre anónimo— lanza un *"¿quién se acuerda de...?"* y completa la frase con algo que ya no existe. Puede ser el puesto de *elotes con mayonesa y chile piquín* frente a la secundaria, el cine Rex donde daban películas de Pedro Infante los domingos, o el señor que vendía *aguas frescas* en un triciclo con parlante de *"¡fresquita, fresquita!"*. Las respuestas llegan en avalancha, con detalles que solo los de aquí entienden: *"el de los elotes era el *Tío Pancho*, pero le decían *El Diablo* porque quemaba el maíz a propósito para que supiera a humo"* o *"el del triciclo le ponía limón a la horchata, ¿o era canela? No, era vainilla, ¡pero en polvo!"*. También está el *glosario no escrito*: si alguien escribe *"me fui al monte"*, todos saben que no fue a escalar, sino a comprar hierbas medicinales en el mercado de Sonora. Y si alguien menciona *"el lago"*, no hace falta aclarar cuál: el que ya no está, pero que sigue vivo en los apodos (*"el de la Laguna"*), en los chistes (*"¿qué tiene Texcoco? Nada"*) y en la forma en que todos, sin decirlo, extrañan el mismo olor a tierra mojada