Chat Sucre
La ciudad blanca capital constitucional.
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Sobre Chat Sucre
Los viernes por la tarde, un usuario con el alias de Churuquella suele ser el primero en saludar con un «¿qué tal, ches?» que activa de inmediato la pantalla. Conecta desde su oficina cerca de la Plaza 25 de Mayo, buscando un respiro antes de que empiece el fin de semana, y en pocos minutos se le unen habituales desde Sopocachi en La Paz o expatriados que extrañan el frío de la capital constitucional desde Buenos Aires. Lo que empezó como una vía para enterarse de si llovería el fin de semana se convirtió, con los años, en el punto de retorno diario para un grupo que no cambia el teclado por nada.
Aquí se discute acaloradamente si las mejores salteñas son las de El Patio o si las de la Bustillos ya les pasaron el trapo hace tiempo. El debate gastronómico es ley, pero también hay tardes de pura nostalgia donde se comparten fotos de los tejados coloniales blancos o se pregunta si alguien conoce un buen técnico de computadoras cerca de la avenida Hernando Siles. El tono es de una familiaridad increíble, con ese ritmo pausado del altiplano y los valles que contrasta con la velocidad de otras salas de la red. Cuando un recién llegado pregunta por alojamiento barato para el festival de cultura, tres personas saltan con recomendaciones detalladas en menos de un minuto.
El sello de identidad de este rincón es el uso del «pues» y el «ya» que salpican cada línea de texto, marcando un territorio donde el castellano boliviano se defiende con orgullo. Hay una broma interna que se repite desde hace una década sobre los universitarios de San Francisco Xavier y sus eternas noches de peña que siempre terminan en el chat a las cuatro de la mañana. Los habituales cuidan mucho su rincón; no toleran la prepotencia y tienen un sentido del humor fino, algo seco, que desarma a cualquiera que entre buscando pelea o queriendo imponer debates políticos pesados.
Para formar parte de esto no necesitas rellenar formularios engorrosos ni dar tu correo electrónico. Entras en ChatZona, que lleva dando guerra con el IRC de siempre desde 2007, escribes el apodo que más te guste y ya estás dentro, ya sea desde el navegador del celular mientras viajas en el micro o cómodo desde la computadora de tu casa. La pantalla se mueve despacio, con calma, pero siempre hay alguien al otro lado del teclado. Lo raro sería que nadie te respondiera con un saludo de bienvenida en los primeros dos minutos.