Chat Sils
Municipio de la Selva junto a la laguna natural de Sils, en la ruta hacia la Costa Brava.
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Sobre Sils
Los domingos a las siete menos cuarto la sala huele a café recién hecho y a la resaca del vermut de ayer. Es cuando Jordi, que se conecta desde un piso en Girona con vistas a la laguna de Sils, suelta el primer "¿Alguien ha visto el Barça o me lo he perdido yo solito?". No es el único. Media docena de nicks que llevan años aquí —desde los tiempos del mIRC y los módems que pitaban— responden antes de que cargue el primer minuto del partido. Jordi no es de los que se callan: si el árbitro pita fuera de juego dudoso, suelta un "¡Hijo de la gran puta!" que retumba en los monitores de los demás como si estuviera en el bar de la plaza. La diferencia es que aquí nadie le dice que baje la voz.
Lo que empieza con fútbol termina en cualquier cosa. Un debate sobre si la Costa Brava ya no es lo que era ("Antes venían alemanes con calcetines blancos y ahora solo hay influencers haciendo tiktoks en la playa de Tossa", suelta alguien). Otro sobre si el ayuntamiento de Sils debería asfaltar la carretera que va al polígono o dejarla de tierra para que los turistas no se acerquen. Y siempre, siempre, alguien pregunta por trabajo: "¿Sabéis de algo en Lloret? Me han dicho que en el hotel X necesitan camareros, pero no me fío". Las respuestas van desde enlaces a ofertas reales hasta memes de "trabaja en Mercadona y calla". Los temas serios —como la sequía que está dejando la laguna en los huesos— se mezclan con bromas sobre el vecino que riega el césped a las tres de la tarde. Aquí no hay filtros: si te molesta, te vas. Si te quedas, es porque te gusta el ruido.
Lo que no tiene ninguna otra sala es el "juego de los apodos". Cada verano, los nuevos que llegan de pueblos cercanos —Blanes, Maçanet, incluso algún despistado de Barcelona— reciben un mote que los marca de por vida. Al que pregunta demasiado le ponen "El Inspector", al que siempre llega tarde "El de la Siesta", y al que defiende al Madrid con uñas y dientes "Florentino". Nadie sabe quién empezó la tradición, pero lleva al menos quince años. También está el ritual de los viernes: alguien lanza un "¿Qué hacemos este finde?" y en media hora hay planes para ir a la playa de Sant Feliu, a una paella en el camping de Vidreres o a ver el atardecer desde el mirador de Sils. Lo curioso es que la mitad no se conocen en persona, pero aquí son como una peña de toda la vida.
Para entrar solo necesitas un apodo y un cliente de IRC (mIRC en Windows, HexChat en Linux, o incluso el webchat de ChatZona). No hay registro, no hay normas escritas más allá de "no spamear" y "si insultas, que sea con gracia". La sala está ahí, día y noche, pero es entre semana por la noche cuando se llena de gente que llega del curro, se quita los zapatos y suelta lo que no puede decir en casa. Si entras a las once y preguntas "¿Qué tal?", lo raro sería que nadie te respondiera en los primeros dos minutos.