Chat Sant Feliu de Guíxols
Ciudad costera de la Costa Brava con puerto y casco histórico de tradición monástica.
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Sobre Sant Feliu de Guíxols
Los viernes a las nueve, cuando el *Barça* juega en Europa, aquí se oye hasta el silencio. No el literal, claro, sino ese momento en que veinte personas dejan de teclear a la vez porque el balón va a entrar o no. Jordi, que lleva desde 2012 conectándose desde un piso en el paseo marítimo —"el mismo desde que se jubiló mi padre, el del tercer derecha"—, suelta un *"hostia, qué centro"* y medio canal le responde con memes de Messi llorando en el PSG. No es solo fútbol: es el ritual de los que se quedaron en Sant Feliu cuando la crisis se llevó a los jóvenes a Barcelona o a Alemania, y ahora vuelven a este chat como quien vuelve al bar de toda la vida. Jordi entró por primera vez buscando trabajo en el puerto en 2008, se quedó por el chiste malo de Paco sobre los turistas alemanes que confunden la *Plaça del Monestir* con un buffet libre, y ya no se va ni cuando se cae el servidor.
Lo que de verdad se cuece aquí no son los temas de guía turística. Sí, alguien pregunta cada agosto por el mejor chiringuito de la playa de Sant Pol —y siempre hay un *@guixolenc* que responde con un *"el de la Paquita, pero no le digas que te lo he dicho yo"*—, pero el grueso son debates que en cualquier otro sitio acabarían en bronca. El último: si el ayuntamiento debería prohibir los *airbnbs* o dejar que los extranjeros compren hasta el último piso del casco antiguo. *"Oye, que mi cuñado alquila el ático a unos suecos y no le pagan el IVA"*, suelta *@marinero69*, y en tres mensajes ya hay cuatro opiniones, dos insultos velados y un *"vete a tomar por culo, que tu cuñado es un chulo"* que hace reír a medio canal. También hay hueco para lo práctico: *"¿Alguien sabe de un fontanero que no cobre como si le estuvieras pidiendo que te limpie el yate?"*, y siempre aparece *@abuelito*, que tiene el número de *Pep el del Clot* guardado desde los 90. Y luego están los domingos de *LaLiga*: si el *Girona* gana, la sala se llena de *"esto es cosa de los vascos"* (por Arteta); si pierde, de *"nos han vendido, como siempre"*.
Lo que no tiene esta sala en ningún otro sitio es el *santfeliuismo*: esa mezcla de orgullo local y autocrítica que solo entienden los que han visto cómo el pueblo pasaba de ser un secreto de pescadores a un *hotspot* de influencers con paddle surf. Aquí se celebra el *Dia de la Sal* como si fuera el Carnaval de Cádiz —con memes de la estatua del pescador y chistes sobre el alcalde—, y se recuerda con nostalgia los veranos en que la playa de *Canyerets* era solo para los del pueblo. Hay un *running gag* que lleva años: cada vez que alguien nuevo pregunta *"¿qué hay que ver en Sant Feliu?"*, media docena de *@oldies* le responden con fotos de la *Farmàcia Valls* de 1920 o del *Cafè del Port* antes de que lo reformaran. Y luego está el *horario guixolenc*: de 22:00 a 00:00, cuando los del turno de noche en el hospital o los que trabajan en el *Port Esportiu* se conectan para soltar lo que no pueden decir en voz alta. Si entras a esa hora, es como si alguien te hubiera guardado un sitio en la barra.
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