Chat Guam
Chamorros de Hagåtña y Tamuning con raíces españolas de tres siglos: la isla del Pacífico donde todavía se reza el Nobenan, se baila y se sirve kelaguen con red rice.
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Sobre Chat Guam
El viernes a las once de la noche, hora de Guam, Juanma se conecta desde un apartamento en Tokio donde el WiFi llega a ráfagas. Lleva cinco años en Japón, pero su nick —*@Chamorrito89*— sigue igual que cuando lo creó en 2012, la primera vez que se fue a estudiar a Manila y extrañaba el olor a *tuba* fermentando en la cocina de su abuela. Hoy no es un día cualquiera: acaba de encontrar en un mercadillo de Shinjuku una lata de *Spam* con etiqueta en chamorro, y necesita que alguien le confirme si es auténtica o una trampa para turistas. En la sala ya están *@TitaRosa* (desde Barcelona, donde cría a sus hijos con cuentos de *taotaomo’na* antes de dormir) y *@GuamExile* (un tipo que vive en Texas pero cada Navidad manda paquetes con *finadene* y *latte* a medio mundo). Juanma escribe: "Oye, ¿esto es lo que creo que es?", y adjunta la foto. En menos de un minuto, tres respuestas se solapan: "Eso es Spam *lågu*, pero el de verdad sabe a gloria con *red rice*", "No lo compres, que en Japón le ponen azúcar hasta al agua", y "Juanma, cabrón, ¿cuándo vuelves a la isla o qué?".
Aquí se habla de lo que no sale en los grupos de Facebook ni en los foros de expats. Por ejemplo, cómo explicar en la oficina de migración de Alemania que tu abuelo era español pero tu DNI dice "Guam" y el funcionario te mira como si hubieras dicho que vienes de Marte. O la eterna discusión sobre si el *kelaguen* de pollo debe llevar *donne’* fresco o si vale con el que venden en frasco en Amazon (opción que *@TitaRosa* considera "pecado mortal"). Los domingos por la tarde, cuando en Guam son las primeras horas del lunes, la sala se llena de gente que trabaja en turnos de noche en hospitales de California o en barcos pesqueros en Alaska, y comparten fotos de sus desayunos: tortillas con *chorizo* chamorro al lado de un café de Starbucks, o un plato de *eskabeche* que alguien intentó hacer con atún en lata porque el *tangan-tangan* no se consigue en Canadá. También hay debates que se calientan: si el *Nobenan* se canta mejor en chamorro o en español, o si los que se fueron a Hawái en los 60 traicionaron la cultura por no enseñar el idioma a sus hijos. Pero al final siempre hay alguien que suelta un "Bueno, al menos no nos comemos el *Spam* con piña como los hawaianos", y la sala se ríe.
Lo que hace única a esta sala es que aquí el español no es un idioma prestado, sino el que se usó para maldecir, rezar y coquetear durante tres siglos. Los regulares reconocen al instante a los recién llegados porque preguntan "¿Dónde está Guam?" o confunden *Hagåtña* con *Agaña* (error que *@GuamExile* corrige con un "A ver, *ñet*, que eso es como decir *Madriz* en vez de Madrid"). Hay un código no escrito: si alguien menciona que extraña el mar, en menos de cinco minutos aparecerá una foto de Tumon Bay al atardecer, aunque sea de archivo. Y los jueves por la noche, sin que nadie lo organice, siempre hay alguien que comparte una canción de *Kantan Chamorrita* o un meme de *Papa Mau* con frases como "No es lo mismo *