En el mercado de las bajas emisiones conviven tres tecnologías distintas bajo el paraguas genérico de "eco". Sus diferencias son fundamentales a la hora de elegir.
Híbrido convencional (HEV)
Tiene un motor de gasolina y un motor eléctrico pequeño que se carga solo (frenada regenerativa y motor de combustión). No se puede enchufar. La batería eléctrica es pequeña y solo ayuda a reducir el consumo a bajas velocidades. El motor de gasolina sigue siendo el principal.
Ideal para: Conductores con muchos kilómetros en ciudad que no quieren pensar en cargar pero sí reducir el consumo.
Híbrido enchufable (PHEV)
Tiene tanto motor eléctrico como de combustión, con una batería que sí se puede cargar externamente. Autonomía eléctrica típica: 40-80 km. Si se carga a diario, puede hacer el 80% de los trayectos en modo 100% eléctrico.
Ideal para: Quien hace trayectos cortos diarios pero necesita autonomía larga para viajes ocasionales. Requiere disciplina para cargar regularmente.
Eléctrico puro (BEV)
Solo motor eléctrico. Autonomía actual: 300-600 km según modelo. Sin emisiones locales, coste por kilómetro muy bajo y mantenimiento mínimo. La principal limitación es la infraestructura de carga en viajes largos, aunque está mejorando rápidamente.
Ideal para: Quien tiene cargador en casa o en el trabajo y hace la mayoría de sus trayectos dentro de la autonomía real del vehículo.
La regla práctica
Si puedes cargar en casa o en el trabajo: eléctrico puro. Si no puedes cargar fácilmente pero quieres reducir consumo: híbrido convencional. Si puedes cargar pero también haces viajes largos frecuentes: PHEV.