Un coche eléctrico tiene entre 20 y 30 piezas móviles en su tren de potencia. Un coche de gasolina tiene más de 2.000. Esa diferencia lo cambia todo: menos desgaste, menos averías y un mantenimiento mucho más barato a largo plazo.

El motor eléctrico

El motor eléctrico convierte la energía eléctrica almacenada en la batería en movimiento mecánico. Lo hace con una eficiencia del 85-95%, frente al 30-35% de un motor de combustión. Eso significa que casi toda la energía que entra se convierte en movimiento, no en calor.

La respuesta del motor eléctrico es instantánea: el par máximo está disponible desde cero revoluciones. Por eso los coches eléctricos aceleran tan fuerte desde parado, aunque tengan potencias modestas.

La batería

La batería es el componente más caro del coche eléctrico, generalmente entre el 30 y el 40% del coste total. Las baterías actuales son de iones de litio y tienen capacidades que van desde los 30 kWh en modelos urbanos hasta los 100 kWh en modelos premium. La autonomía real depende de muchos factores: temperatura, velocidad, uso del climatizador y estilo de conducción.

La frenada regenerativa

Cuando levantamos el pie del acelerador o frenamos, el motor eléctrico actúa como generador y convierte la energía cinética en electricidad, que se devuelve a la batería. Esto mejora la eficiencia y reduce el desgaste de los frenos, que apenas se usan en condiciones normales.

Cómo se recarga

Existen tres tipos de carga: lenta (enchufes domésticos, 6-12 horas), semirrápida (wallbox en casa o aparcamiento, 3-8 horas) y rápida en corriente continua (DC fast charging, 20-45 minutos al 80%). Para el uso cotidiano, cargar en casa de noche es suficiente para la gran mayoría de conductores.