La economía española ha protagonizado una recuperación notable tras los años de pandemia. El PIB creció con fuerza en 2022 y 2023, superando las previsiones iniciales y recuperando el nivel previo a la crisis del COVID-19 antes de lo esperado. Varias variables explican esta dinámica.

Los motores del crecimiento

El turismo ha sido, una vez más, el gran motor. España recibe habitualmente entre 80 y 90 millones de visitantes internacionales al año, convirtiéndola en uno de los destinos más visitados del mundo. El sector genera en torno al 12-13% del PIB y una parte significativa del empleo en servicios.

El sector tecnológico y la economía digital han ganado peso relativo, con Madrid y Barcelona posicionadas como los dos principales hubs de startups del sur de Europa. La inversión en capital riesgo en startups españolas ha crecido de forma sostenida en los últimos años.

Los desequilibrios estructurales

España arrastra desequilibrios estructurales que ningún ciclo de crecimiento ha resuelto: una tasa de desempleo estructuralmente alta respecto a la media europea, especialmente el desempleo juvenil; una dualidad del mercado laboral entre contratos estables e inestables; y una brecha territorial significativa entre comunidades autónomas ricas (Madrid, País Vasco, Cataluña, Navarra) y otras con menor renta per cápita.

El problema de la vivienda

El coste de la vivienda en las grandes ciudades y zonas costeras se ha convertido en el principal problema socioeconómico, especialmente para los menores de 35 años. El precio del alquiler ha superado en muchas ciudades el 40% del salario medio de los jóvenes, dificultando la emancipación y el ahorro. Este problema tiene raíces estructurales (escasez de oferta, inversión especulativa, tensión entre turismo y residencia) que requieren políticas de oferta a largo plazo para resolverse.