España es uno de los países de la Unión Europea con mayor penetración de energías renovables en su mix eléctrico. La combinación de abundante recurso solar, eólico e hidráulico, junto con políticas de apoyo a la inversión en renovables, ha convertido al país en uno de los referentes europeos de la transición energética.

El mix eléctrico español

La energía eólica y la solar fotovoltaica son las dos grandes protagonistas del crecimiento renovable en España. La eólica, con una capacidad instalada entre las mayores de Europa, aporta una parte significativa de la generación eléctrica anual. La solar ha experimentado un crecimiento acelerado, con parques de gran tamaño en Extremadura, Castilla-La Mancha, Andalucía y Aragón. La hidráulica, tradicional fuente renovable española, aporta una generación variable dependiente de la pluviometría. Red Eléctrica de España (REE) publica datos en tiempo real de la generación del sistema.

El objetivo del PNIEC

El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) establece el objetivo de que las energías renovables cubran el 74% de la generación eléctrica en 2030, con el horizonte de neutralidad climática para 2050. La UE, con el paquete Fit for 55, presiona hacia una aceleración de este proceso. España, dado su recurso renovable, tiene capacidad técnica para alcanzar estos objetivos, aunque la gestión de la variabilidad y el almacenamiento siguen siendo retos pendientes.

El reto del almacenamiento

La electricidad renovable tiene el problema de la intermitencia: el sol no brilla por la noche y el viento no sopla siempre con la misma intensidad. La solución pasa por el almacenamiento —baterías de gran escala, bombeo hidroeléctrico— y por la interconexión con el resto de Europa. España tiene un déficit histórico de interconexiones eléctricas con Francia, lo que limita su capacidad de exportar excedentes renovables en momentos de alta generación.

El debate sobre la nuclear

Las centrales nucleares españolas están en proceso de cierre escalonado previsto entre 2027 y 2035. Este calendario, acordado entre el Gobierno y las eléctricas, supone retirar una fuente de generación firme y constante (sin emisiones directas) en un periodo de máxima presión sobre el sistema. El debate sobre si acelerar o ralentizar el cierre nuclear en función de los objetivos climáticos está abierto en España y en otros países europeos.