En el corazón de Burgos, una iniciativa comunitaria avanza para salvar la gallina castellana negra, una raza que históricamente ha sido la columna vertebral de la alimentación local. El nombre de la especie, sinónimo de resistencia y adaptación, suena a una historia que se descompone a medida que las nuevas generaciones de aves desaparecen.
La asociación Huerteco, formada por agricultores, entusiastas de la fauna y docentes, ha iniciado un plan de cría selectiva y adopción voluntaria. Su enfoque se centra en la sostenibilidad: los gallineros familiares reciben asesoría técnica y material de recolección de huevos, mientras que los residentes pueden adoptar ejemplares para integrar a sus hogares.
Los talleres escolares, otro pilar del proyecto, buscan trasladar el conocimiento sobre la importancia de la biodiversidad animal a los estudiantes. Los niños participan en actividades prácticas: desde la observación de las aves hasta la elaboración de huertos de alimento natural para las gallinas. Este enfoque pedagógico pretende generar conciencia temprana sobre la conservación de especies endémicas.
El contexto histórico de la gallina castellana negra es relevante. Durante la Segunda Guerra Mundial, la raza se vio beneficiada por la necesidad de producción de carne y huevos en España. Sin embargo, la postguerra y la industrialización agrícola llevaron a la introducción de razas más productivas, relegando a la gallina negra a la periferia del mercado.
El proyecto de Huerteco también contempla la creación de una base de datos genética del linaje negro. Esta acción, realizada en colaboración con universidades locales, permitirá un manejo más riguroso del patrimonio genético y facilitará la reproducción de aves con mayor resistencia a enfermedades y condiciones climáticas adversas.
Para asegurar la continuidad del proyecto, la asociación busca financiación a través de donaciones y subvenciones públicas. En los últimos meses, se han presentado solicitudes a la comunidad autónoma y a la Unión Europea, con la esperanza de incluir la especie en programas de preservación de animales autóctonos.
La iniciativa no solo protege una raza, sino que también revitaliza la cultura rural de la zona. La gallina castellana negra, con su plumaje oscuro y su carácter rústico, encarna la identidad del paisaje burgalés. Su supervivencia se traduce en la preservación de prácticas agrícolas tradicionales y en la continuidad de un legado gastronómico que ha marcado la región durante siglos.




