Claves
- Javier Milei y su relación con la Iglesia
- Posible visita del papa León XIV a Argentina
- Tensiones entre el gobierno y el arzobispado
El presidente que esquiva el altar
Javier Milei no pisó la Catedral de Buenos Aires el 25 de mayo. Tampoco asistió al Tedeum en Córdoba. Dos gestos que, en Argentina, equivalen a enviar un mensaje: la Iglesia no está en su lista de prioridades. Pero hay un detalle que rompe el patrón: el presidente habla con entusiasmo de una posible visita del papa León XIV al país. ¿Cálculo político o cambio de rumbo?
La visita que podría cambiar el juego
Córdoba ya se prepara. Según TN, Milei mencionó la "probable" llegada del pontífice a la ciudad mediterránea, mientras Sandra Pettovello cerraba una agenda en el Vaticano que incluyó un encuentro con León XIV. La Voz del Interior confirmó los movimientos: la ministra de Capital Humano buscó abrir canales directos con Roma. No es un dato menor: en un gobierno que ha mantenido distancia con la jerarquía eclesiástica, estos gestos suenan a intento de acercamiento.
Pero hay un problema. El papa no visita un país solo por invitación. Lo hace cuando hay condiciones. Y hoy, esas condiciones parecen frágiles.
El Tedeum que encendió la mecha
Bertie Benegas Lynch no midió palabras. En un artículo publicado por La Nación, el diputado criticó con dureza al arzobispo Jorge García Cuerva por su discurso en el Tedeum, donde el prelado habló de "terrorismo de las redes". Milei respondió, pero lo hizo con un tono que dejó claro el malestar: no era una réplica, sino un aviso.
El episodio resume la tensión actual. La Iglesia argentina, acostumbrada a ser escuchada, choca con un gobierno que no tolera sermones. Y aunque León XIV podría ser un puente, el puente tiene grietas.
¿Un gesto vacío o un giro real?
La posible visita papal tiene dos lecturas. La primera: Milei busca oxígeno político en un momento de desgaste. Una foto con el papa siempre suma, sobre todo en un país donde el catolicismo sigue siendo un referente cultural. La segunda: es un gesto genuino, un intento de dejar atrás las fricciones.
Pero hay un tercer escenario, el más probable: que la visita no ocurra. O que, si ocurre, no cambie nada. La relación entre el gobierno y la Iglesia no se repara con un apretón de manos. Se repara con acciones, y hasta ahora, las acciones han sido escasas.
Lo único seguro es que Milei no va a ceder en lo que considera su batalla cultural. Y la Iglesia, por su parte, no va a dejar de marcar su territorio. El tiempo dirá si el papa logra tender un puente o si, como en otros conflictos, la grieta sigue abierta.




