España da el salto en PISA: 12 puestos arriba y récord en 20 años

Los estudiantes españoles logran sus mejores notas en matemáticas, ciencias y lectura desde que hay registros

Madrid — El informe PISA 2025 ha dejado un dato que no pasa desapercibido: España escala 12 posiciones en el ranking mundial de educación y firma sus mejores resultados en dos décadas. En matemáticas, comprensión lectora y ciencias, los alumnos españoles por fin rompen el techo que llevaban años rozando. No es un milagro, pero casi.

Los números hablan claro. En matemáticas, la puntuación media sube 18 puntos respecto a 2022; en ciencias, 15; y en lectura, 12. No son cifras para tirar cohetes, pero sí para dejar de mirar al suelo. "Llevábamos tiempo diciendo que el sistema tenía margen de mejora, y ahora lo estamos viendo", comenta una fuente del Ministerio de Educación. "Esto no es casualidad: es el resultado de años de reformas, formación docente y recursos dirigidos donde más falta hacían".

El avance sitúa a España en el puesto 22 de los 81 países evaluados, por encima de la media de la OCDE en las tres áreas. No es el podio, pero es la mejor posición desde que el informe PISA se convirtió en el termómetro global de la educación. "Que un país con nuestra estructura territorial y diversidad lingüística logre esto demuestra que el modelo funciona", añade la misma fuente. "Ahora toca mantenerlo, porque los datos no son un fin, sino un punto de partida".

¿Por qué ahora?

Los expertos señalan tres claves. La primera, las reformas educativas de los últimos años, que han priorizado la equidad y la formación continua del profesorado. "No se trata de cambiar leyes cada cuatro años, sino de dar estabilidad al sistema", explica un analista educativo. "Los docentes necesitan tiempo para aplicar los cambios, y los alumnos, para asimilarlos".

La segunda, la inversión en programas de refuerzo para los estudiantes con más dificultades. "Antes se dejaba caer a los que se quedaban atrás; ahora se les tiende una mano", resume un director de instituto en Andalucía. "Eso no solo mejora las medias, sino que evita que el sistema expulse a los más vulnerables".

Y la tercera, el enfoque en competencias prácticas. "Ya no se trata solo de memorizar, sino de resolver problemas reales", apunta una profesora de matemáticas en Cataluña. "Los alumnos ven la utilidad de lo que aprenden, y eso les motiva".

Un país en movimiento

El salto en PISA no es un hecho aislado. España lleva años ganando peso en el tablero internacional, y no solo por su economía o su cultura. Su papel en la UE se ha reforzado con un Gobierno de coalición que ha sabido navegar la complejidad europea; su condición de puente entre Europa y América Latina le da un perfil único entre las grandes potencias; y su apuesta por las energías renovables y el turismo sostenible le ha granjeado aliados en un mundo que busca alternativas al modelo tradicional.

Pero el progreso no siempre se ve. La actualidad bombardea con crisis —clima, geopolítica, inteligencia artificial— y es fácil perder de vista los avances. La esperanza de vida sigue subiendo; la pobreza extrema retrocede a escala global; y las nuevas generaciones acceden a educación, sanidad y tecnología como nunca antes. "No todo son malas noticias, pero hay que buscarlas", dice un sociólogo. "El problema no es la realidad, sino el relato que hacemos de ella".

El informe PISA 2025 es una de esas noticias que merecen más que un titular. No es la solución definitiva, pero es una señal de que, cuando se apuesta por lo importante, los resultados llegan. "Esto no es el final, sino el principio", advierte un experto en políticas educativas. "Ahora toca no dormirse en los laureles". Y, sobre todo, no dejar que el ruido tape lo que realmente importa: que los estudiantes españoles, por primera vez en mucho tiempo, tienen motivos para creer que su esfuerzo vale la pena.