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country

Willie Nelson

🇺🇸 US country 💿 1 álbumes

Leyenda del country de Texas (1933-). Su voz áspera y su guitarra Martin N-20 han dado vida a más de 200 álbumes incluyendo clásicos como Blue Eyes Crying in the Rain y Always on My Mind.

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💿 Discografía

📖 Biografía

Willie Nelson nació en Abbott, Texas, en 1933, con una guitarra en las manos antes de saber andar. Criado por sus abuelos, aprendió a tocar escuchando la radio y los discos de Hank Williams, mientras soñaba con escapar de los campos de algodón. A los siete años ya componía canciones, y a los trece actuaba en emisoras locales por unos pocos dólares. La vida le dio hostias pronto: se alistó en la Fuerza Aérea, se casó joven, probó suerte en Nashville escribiendo éxitos para otros como *Crazy* de Patsy Cline, pero el éxito le esquivaba. Hasta que un día, harto de trajes y corbatas, se dejó crecer la melena, se puso una cinta en la cabeza y se largó de vuelta a Texas. Ahí empezó todo.

Su voz, rasposa como el papel de lija, y esa guitarra Martin N-20 apodada *Trigger* —con un agujero del tamaño de un puño por los años de rasgueos— se convirtieron en su firma. En los 70, álbumes como *Red Headed Stranger* (1975) y *Stardust* (1978) reventaron las reglas del country: menos violines, más crudeza, letras que hablaban de amor, soledad y whisky barato. Canciones como *Blue Eyes Crying in the Rain* o *Always on My Mind* son himnos que suenan a verdad, no a postureo. Nelson no hacía country, lo vivía. Y cuando el género se volvió demasiado pulcro, él se lio con el reggae, el blues y hasta el jazz, porque la música, decía, no tiene fronteras. Más de 200 álbumes después, sigue grabando como si cada canción fuera la última.

Hoy, Willie es más que un músico: es un símbolo. Un tipo que fumaba porros en el tejado de la Casa Blanca en los 80, que organizó el primer Farm Aid para salvar a los agricultores, que se convirtió en activista por la marihuana y en un ídolo para hippies y vaqueros por igual. Tiene un Grammy a toda su carrera, está en el Salón de la Fama del Country y hasta tiene su propia marca de cannabis. Pero lo mejor es que, a sus noventa y tantos, sigue subiéndose a los escenarios con esa sonrisa de quien sabe que la vida es corta y hay que quemarla a su manera. Si el country tuviera un santo patrón, sería él: un tío que nunca vendió su alma, ni siquiera cuando el diablo le ofreció un cheque en blanco.

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