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reggaeton

Michael Alfonso Torres Monge

🇵🇷 PR reggaeton trap r&b 💿 1 álbumes

Una de las voces más versátiles del reggaeton actual. Combina trap, R&B y reggaeton romántico con éxito.

💿 Discografía

📖 Biografía

Myke Towers: el arquitecto del reggaeton que nunca baja el listón

El 15 de enero de 2020, Easy Money Baby aterrizó en las plataformas con una precisión quirúrgica. No hubo hype previo, ni filtraciones masivas, ni campañas de intriga. Solo un disco que, en cuestión de horas, se coló en el Top 5 del Billboard Latin Albums. Ese día, Myke Towers demostró lo que muchos en la industria ya sospechaban: que su nombre no era un destello pasajero, sino el de un artista que había llegado para redefinir la consistencia en el reggaeton.

Michael Torres Rivera (San Juan, 1994) no es el típico caso de éxito fulgurante. No tuvo un "Despacito" que lo catapultara a la estratosfera de la noche a la mañana. Su ascenso fue más parecido a la construcción de un edificio: ladrillo a ladrillo, canción a canción, sin prisa pero sin pausa. Mientras otros artistas del género dependen de un par de singles para mantenerse relevantes, Towers ha convertido la producción constante en su sello de identidad. Y no cualquier producción: la suya tiene una cualidad rara en el urbano actual, donde lo efímero reina. Sus temas no suenan a relleno de álbum. Suenan a necesarios.

El sonido que no se deja etiquetar

Escuchar a Myke Towers es como entrar en un estudio donde alguien ha mezclado, con pulso firme, los beats oscuros del trap de Atlanta con las melodías pegajosas del reggaeton clásico. No es un híbrido torpe, sino una fusión que funciona porque él mismo parece moverse con naturalidad entre ambos mundos. En "La Jeepeta" (con Brray, Juanka y Anuel AA) suena como si hubiera nacido sobre un dembow, pero en "Michael Myers" —del mismo álbum— se adentra en un territorio más cercano al drill latino, con una crudeza que pocos en el género se atreven a explorar.

Esta versatilidad no es casual. Towers creció escuchando de todo: desde el reggaeton de los 2000 hasta el hip-hop estadounidense. Y se nota. Mientras otros artistas del género repiten fórmulas hasta el agotamiento, él juega con los contrastes. Un ejemplo claro: LYKE MIKE (2021), su segundo álbum de estudio, abre con "Mi Nena", un tema romántico con toques de bachata, y cierra con "Perreo Pesau", un himno de fiesta que suena a sudor y luces de neón. ¿El resultado? Un disco que no se siente como una colección de canciones, sino como una experiencia.

El colaborador que no se pierde en el featuring

En el reggaeton, las colaboraciones suelen ser un arma de doble filo. O elevan al artista invitado, o lo sepultan bajo el peso del nombre más grande. Towers, sin embargo, tiene un don: cuando aparece en un tema, no solo aporta su voz, sino que transforma la canción. No es el típico artista que graba un verso y se va. Él se apropia del beat, le imprime su flow y, casi siempre, termina robándose el show.

Basta escuchar "La Santa" con Bad Bunny. Towers no se limita a seguir el ritmo; lo desafía, lo estira, lo hace suyo. O "Ley Seca" con Rauw Alejandro, donde su verso —corto pero letal— cambia por completo la energía del tema. Incluso en "La Nota" con Manuel Turizo y Rauw, donde el protagonismo podría haberse repartido entre los tres, su presencia es la que queda resonando.

Esto no es suerte. Es oficio. Towers estudia cada beat, cada letra, cada espacio que le dejan. Y cuando le toca liderar, como en "Me Porto Bonito" (con Bad Bunny), demuestra que puede ser el centro de atención sin necesidad de gritar. Su voz, grave y serena, contrasta con la de otros artistas del género que recurren al autotune o a los gritos para llamar la atención. Él prefiere la elegancia del silencio estratégico.

El secreto: no vender humo

En una industria donde lo viral manda, Myke Towers ha construido su carrera haciendo justo lo contrario: ignorando las modas pasajeras. No graba un tema porque "está sonando en TikTok", ni cambia su estilo porque "ahora se lleva lo melódico". Su fórmula es más sencilla y, al mismo tiempo, más arriesgada: hacer buena música y confiar en que el público lo note.

Y vaya si lo nota. Sus álbumes no son colecciones de singles sueltos, sino proyectos con cohesión. Easy Money Baby y LYKE MIKE no solo debutaron en los primeros puestos del Billboard Latin Albums; se quedaron ahí. Semanas, meses. Porque no son discos para consumir y olvidar, sino para volver a ellos. Canciones como "Diosa" o "La Playa" no envejecen. No suenan a "producto de 2020". Suenan a clásicos en potencia.

Esto no significa que Towers sea perfecto. Tiene detractores —como todo artista relevante— y hay quien le critica por ser "demasiado comercial" o "poco arriesgado". Pero incluso esos críticos reconocen algo: nunca decepciona. En un género donde los altibajos son la norma, él es la excepción. No tiene un hit que lo defina porque, en realidad, todos sus temas podrían ser ese hit.

¿Qué viene para Myke Towers?

Si algo ha demostrado este puertorriqueño es que no necesita seguir las reglas del juego para ganar. Mientras otros artistas se obsesionan con los números de streaming o los premios, él sigue enfocado en lo único que importa: la música. Y eso, en un mundo donde lo efímero reina, es casi un acto de rebeldía.

Lo que sí está claro es que su próximo movimiento será observado con lupa. No porque el mundo lo espere con ansias, sino porque, después de años de consistencia, ya nadie se atreve a subestimarlo. Towers no es el artista del momento. Es el artista que, cuando el momento pase, seguirá ahí. Como esos edificios que resisten huracanes: no porque sean indestructibles, sino porque están construidos para durar.

Y eso, en el reggaeton, es más raro que un diamante.

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