Chat Sáhara Occidental
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Sobre Sáhara Occidental
El cursor parpadea sobre el fondo negro de mIRC mientras Fatimetu ajusta el velo frente a la pantalla en su casa de El Aaiún. Lleva tres noches seguidas entrando a la sala "Sáhara Occidental" desde que su primo le pasó el enlace por WhatsApp: "Ahí están los nuestros, los que hablan como tú". Hoy escribe su primer mensaje en voz alta, como si alguien pudiera escucharla: "¿Alguien sabe si el mercado de Smara sigue abierto hasta tarde?". En menos de un minuto, tres respuestas se solapan: una con el horario exacto, otra bromeando sobre los precios inflados de los tomates, y una tercera que le pregunta si es la Fatimetu de la familia Uld Salek. No contesta a esa última. Todavía.
Los temas aquí no se anuncian, surgen como el té en una jaima: sin prisa pero sin pausa. Los lunes alguien suele preguntar por las últimas noticias de la MINURSO, y el debate se enciende rápido —hay quien defiende que la ONU "no sirve ni para limpiarse el culo" y quien rebate con enlaces a informes que nadie termina de leer. Los miércoles, después de las oraciones, la sala se llena de voces buscando trabajo en España o Argelia: "¿Alguien en Almería que necesite mano para el invernadero?", "En Tinduf pagan 150 euros por mes en el almacén de la Media Luna, pero ojo con el capataz". Y luego están los chismes de barrio, esos que solo importan a los que saben: que la hija de la vecina de Dajla se casó con un español, que el viejo Mohamed de Boujdour ahora vende pan en un pueblo de Murcia, o que en los campamentos de Tinduf alguien ha montado un cyber con conexión decente. El humor es seco, como el viento del desierto: si alguien se queja de que su internet va lento, otro le suelta "Pues vente a mi casa, que aquí ni el camello tiene cobertura".
Lo que hace única a esta sala es ese olor a casa que no huele a nada en concreto pero todos reconocen. Aquí no se habla de "la diáspora saharaui" como concepto abstracto, sino de "los de la calle Real", "los del barrio de Colominas" o "los que se fueron a Gran Canaria en patera". Hay un código no escrito: si alguien menciona "el 75" (el año, no el número), todos saben que se refiere a la Marcha Verde, y el chat se queda en silencio unos segundos. Los regulares tienen apodos que son como carnets de identidad: "El de los Drones" (porque trabaja en vigilancia aérea), "La de las Recetas" (que comparte fotos de cuscús los viernes), o "El Poeta", que cada mes de febrero suelta versos sobre el exilio que nadie se atreve a criticar. A las 23:00 hora de Madrid —medianoche en los campamentos—, la sala se vacía como por arte de magia: es la hora en que los móviles se apagan para ahorrar batería, y quien no lo hace sabe que al día siguiente tendrá que cargarlo con un panel solar prestado.
Para entrar, basta con abrir ChatZona.com en cualquier navegador, elegir un apodo (da igual si es "Saharaui87" o "ElQueNoSabe"), y hacer clic en la sala "Sáhara Occidental" dentro de la categoría África. No hay registro, no hay contraseñas, no hay que dar explicaciones. El servidor IRC lleva en línea desde 2007, así que funciona igual en un móvil de