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Mayores de 40 en el IRC: charla sin prisa, experiencias de vida y buen humor sin la urgencia de los veinte.
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Sobre Chat LC Más de 40
Son las diez de un martes y Carlos, que acaba de jubilarse de la carpintería en Valencia, se conecta desde el portátil que le dejó su hijo. Su primer mensaje —"¿Alguien sabe si en el Mercadona de ahora venden pan de pueblo como el de antes?"— desencadena una avalancha de respuestas: desde el que jura que solo en el de su barrio de Málaga hasta la que le manda una foto del pan de molde que compra en Lidl "porque ya no tengo dientes para morder". Carlos se ríe, se queda. Y vuelve al día siguiente para preguntar por el mejor vino de menos de cinco euros.
Aquí no se habla de "experiencias de vida" como en un taller de autoayuda, sino de cosas que duelen o divierten sin filtros. El otro día, Luis contó que su hija le había dicho que "a su edad ya no debería llevar zapatillas blancas", y la sala ardió: unos le dieron la razón ("¡a los 60 se lleva lo que te dé la gana!"), otros le recomendaron marcas de zapatillas "discretas" y alguien soltó un "pues mi nieta me pide que le compre las mismas que yo". También hay debates serios: si es mejor alquilar en la costa o comprar un piso en el pueblo, cómo sobrevivir a la cuesta de enero con pensión mínima, o qué serie de los 90 merece un revival. Y, por supuesto, el eterno tema de los hijos: "¿Cómo le explicas a un crío de 20 años que tú a su edad ya tenías hipoteca y tres trabajos?".
Lo que no tiene ninguna otra sala es el "jueves de los refranes". Cada semana, alguien lanza un refrán viejo y los demás lo retuercen hasta dejarlo irreconocible: "A quien madruga, Dios le ayuda" se convirtió en "A quien madruga, le sale un juanete". También está el "ranking de los peores regalos de Reyes": desde el pijama de franela hasta el libro de sudokus "para que no te aburras". Y luego está el canal paralelo, #LC40-Música, donde a las doce de la noche suena siempre la misma canción —"Mediterráneo" de Serrat— y nadie pregunta por qué. Los regulares saben que es el homenaje a un usuario que se fue hace años, pero a los nuevos les dejan descubrirlo solos.
Para entrar, solo necesitas un apodo (el que se te ocurra) y un cliente IRC: puedes usar el webchat de ChatZona desde el móvil o instalar HexChat en el PC. No hay registro, no hay normas escritas más allá de "no ser gilipollas". La sala está ahí, siempre, pero los domingos por la tarde es cuando más gente hay: los que se conectan después de comer, los que vuelven de pasear al perro, los que se escapan un rato de la familia. Si entras y dices "hola", lo raro sería que nadie te respondiera en los primeros dos minutos.