El flamenco fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2010. Desde entonces, su proyección internacional ha crecido de forma sostenida, con escuelas, festivales y comunidades de aficionados en los cinco continentes.
Japón es uno de los países con mayor tradición de flamenco fuera de España. El interés japonés por este arte comenzó en los años 1960 y no ha parado de crecer: hay cientos de academias repartidas por todo el país, una industria de viajes a Sevilla para aprender flamenco in situ y artistas japoneses que actúan profesionalmente en festivales internacionales.
La diáspora del flamenco
Alemania, Francia, los Países Bajos y Estados Unidos cuentan con comunidades flamencas activas, alimentadas en parte por la emigración española de distintas épocas y en parte por el interés de aficionados sin vínculo hispano. En América Latina, México, Argentina y Colombia tienen tradición de flamenco mezclada con influencias locales.
La enseñanza como motor
Las escuelas de flamenco son el pilar de su transmisión internacional. Instituciones sevillanas como la Fundación Cristina Heeren o el Centro Flamenco Fosforito han formado a cientos de artistas de todo el mundo. También el Instituto Cervantes incorpora el flamenco en sus programas culturales en distintos países.
Nuevas generaciones y fusión
Los artistas jóvenes exploran la fusión del flamenco con el jazz, la música electrónica y tradiciones de otros países. Este proceso de hibridación, que algunos puristas rechazan, ha abierto el flamenco a nuevas audiencias sin que el arte de raíz pierda su vigencia en los festivales más importantes del mundo.