El número de espectadores que se reúnen en estadios para ver un partido de fútbol ha venido disminuyendo de manera sostenida, y la crónica de la Copa del Mundo de 2026, que se celebrará en Canadá, México y Estados Unidos, brinda un caso de estudio sobre cómo el deporte está cambiando de raíz.
El concepto de “monopolio de la FIFA” se vuelve cada vez más cuestionable cuando se observa que las plataformas de streaming y las redes sociales están generando ingresos que rivalizan con los de los derechos televisivos tradicionales. Los creadores de contenido digital, que usan herramientas de IA para producir videos, análisis y experiencias de realidad aumentada, están captando la atención de audiencias que antes se limitaban a seguir transmisiones televisivas.
Para los clubes, la dependencia exclusiva de los ingresos por derechos de televisión se ve amenazada por la fragmentación del mercado. Las decisiones de negocio deben adaptarse a un entorno donde la monetización de datos y la interacción directa con los seguidores son esenciales. La IA permite personalizar la experiencia de cada fanático, ofreciendo contenido a medida, recomendaciones de merchandising y experiencias de juego virtuales. Este modelo reduce la dependencia del “evento de 90 minutos” y crea flujos de ingresos más constantes.
El impacto en los jugadores también es palpable. A medida que la IA analiza datos en tiempo real, los contratos de patrocinio se vuelven más dinámicos, basados en métricas de rendimiento específicas y de engagement en redes sociales. Los futbolistas que logren construir una presencia digital sólida pueden negociar acuerdos más lucrativos independientemente de su rendimiento en el campo.
Para los aficionados, la realidad aumentada y los videojuegos basados en la IA están ofreciendo nuevas formas de conectar con el deporte. Las plataformas de e-sports que replican partidos de fútbol con precisión de IA están ganando terreno, y la experiencia inmersiva que ofrecen se percibe como una alternativa atractiva para quienes no pueden asistir a los partidos en vivo.
El cambio no está exento de retos. Las regulaciones sobre la protección de datos y la propiedad intelectual de los contenidos digitales son todavía insuficientes, y los clubes deben mantenerse informados sobre las nuevas normativas. Además, la brecha entre los clubes con recursos para invertir en tecnología y los que no, podría crear desigualdades en el acceso a estas nuevas fuentes de ingresos.
La economía del fútbol está siendo rediseñada por la IA y los creadores digitales. Los protagonistas que logren adaptarse a esta nueva realidad no solo mantendrán su relevancia, sino que también podrán capitalizar oportunidades que antes estaban reservadas al monopolio de la FIFA. La pregunta que sigue siendo: ¿qué papel jugará cada actor del ecosistema deportivo en esta transición?




