La bicicleta ha ganado terreno como medio de transporte en las ciudades españolas durante los últimos años. Una combinación de inversión en infraestructura ciclista, el auge de los sistemas de bicicleta pública compartida y el impulso de la pandemia de 2020 —que llevó a muchas personas a buscar alternativas al transporte público— ha aumentado el número de ciclistas urbanos en toda España.

Las ciudades más ciclistas

Sevilla es la referencia española del ciclismo urbano. Con más de 200 kilómetros de carril bici, la ciudad andaluza pasó en pocos años de tener casi nula infraestructura ciclista a ser citada como modelo europeo de transformación urbana. El éxito de Sevilla demostró que en ciudades con clima favorable y topografía llana, la inversión en red ciclista puede transformar rápidamente los hábitos de movilidad.

Barcelona y Madrid, dos modelos distintos

Barcelona ha desarrollado una red de carriles bici articulada en torno a los ejes de sus supermanzanas y las rondas, complementada por el sistema Bicing de bicicleta pública. Madrid cuenta con BiciMAD, el sistema de bicis eléctricas compartidas que ha expandido progresivamente su red. Ambas ciudades enfrentan el reto de conectar los barrios periféricos con el centro y de resolver los conflictos entre ciclistas, peatones y vehículos motorizados.

La bicicleta eléctrica, factor de cambio

La bicicleta eléctrica (e-bike) ha ampliado el perfil del ciclista urbano: permite recorrer distancias más largas sin llegar sudado al destino y hace accesible el ciclismo a personas que por edad o condición física no pueden usar bicicletas convencionales. Las ventas de e-bikes en España han crecido de forma sostenida, aunque siguen por debajo de países como Alemania, Países Bajos o Dinamarca, donde la bicicleta eléctrica es ya el vehículo de compra habitual para movilidad urbana.

Los retos pendientes

La infraestructura ciclista en España es aún muy desigual: excelente en algunas ciudades, prácticamente inexistente en muchos municipios medianos. El aparcamiento seguro para bicicletas —uno de los frenos a la adopción— sigue siendo escaso en las estaciones de tren y metro, en los centros de trabajo y en los edificios residenciales. La convivencia entre ciclistas y peatones en aceras y vías compartidas genera conflictos que requieren regulación y educación vial.