Cuando los legiones romanas cruzaron el Ebro, dejaron atrás un latín vulgar que, con el paso de los siglos, se transformó en la lengua que hoy se llama español. Ese proceso, lejos de ser lineal, se vio marcado por invasiones, mezclas culturales y cambios fonéticos que lo llevaron del castellano de la Edad Media a la variante que se habla en Los Ángeles, Buenos Aires o Ciudad de México.
Del latín al castellano
Tras la caída del Imperio Romano, el latín de Hispania se dividió en dialectos. En el norte, el reino de Castilla dio origen a un castellano que absorbió vocabulario árabe durante los casi ocho siglos de dominio musulmán. Aceite, almohada, alcohol y álgebra son ejemplos claros de esa herencia.
Para el siglo XV, el castellano ya era la lengua dominante en la península. Ese mismo año, Antonio de Nebrija publicó la primera gramática castellana, el primer intento sistemático de codificar una lengua romance.
La expansión americana
La colonización española de América representó una expansión lingüística sin precedentes. En menos de cien años, el español se extendió desde California hasta la Patagonia, incorporando vocabulario de cientos de lenguas indígenas. Del náhuatl llegaron tomate, chocolate, aguacate y chile; del quechua, papa, llama y cóndor.
El español hoy
Con más de 500 millones de hablantes nativos y otros 100 millones que lo usan como segunda lengua, el español ocupa el segundo lugar entre lenguas maternas y el cuarto en total. Es el tercer idioma más usado en internet y el segundo en Twitter. Su futuro, impulsado por el crecimiento demográfico hispanohablante en Estados Unidos, promete seguir brillando.




