Conocer a la pareja a través de una pantalla ha dejado de ser la excepción para convertirse en una de las vías más habituales. El estudio «How Couples Meet and Stay Together», dirigido por el sociólogo Michael Rosenfeld en la Universidad de Stanford, documentó que en Estados Unidos internet se convirtió hacia 2017 en la forma más común de que las parejas heterosexuales se conozcan, por delante de los amigos en común, el trabajo o el barrio. En Europa la dirección es la misma, impulsada por la generalización del smartphone y de las aplicaciones móviles.
Las aplicaciones de citas —Tinder, Meetic, Bumble o Hinge— concentran buena parte de esos encuentros, pero no son el único camino. Muchas relaciones nacen en grupos de WhatsApp, en Instagram o en comunidades temáticas en las que la conversación precede a la atracción física. La diferencia está en el punto de partida: en una app de citas se elige primero por la fotografía; en un espacio de interés común, el vínculo suele empezar por lo que se dice.
Los especialistas en psicología de pareja insisten en que el origen digital no condena una relación al fracaso. El factor decisivo no es la plataforma, sino la calidad de la comunicación: conocerse primero a través del texto obliga a expresarse con palabras, y eso a menudo revela más sobre el carácter de una persona que cualquier imagen. La cautela habitual —verificar la identidad, no precipitar los encuentros y desconfiar de quien evita la videollamada— sigue siendo el mejor consejo para que una conversación en línea acabe bien.