Al abrir el último número del Diccionario de la lengua española, la RAE nos muestra una página repleta de emojis, hashtags y palabras que antes solo se escuchaban en la calle. La realidad es que el español se escribe y se habla en la era del móvil, y la Academia no se queda atrás.
La política de la RAE ante los anglicismos
La Academia no se declara contra los anglicismos, pero prefiere que el español ofrezca su propia solución. Así, “selfi” sobrepasa a “selfie”, “tuit” a “tweet” y “güisqui” a “whisky”. Cuando un término se ha arraigado tanto que la sustitución parece forzada, la RAE lo admite con la grafía que lo hace sonar natural.
Los americanismos en el diccionario
El español de América ha enriquecido el léxico oficial durante décadas. Ahora se incluyen “chévere” (Colombia, Venezuela), “bacán” (Argentina, Perú) y “tuanis” (Costa Rica, Honduras), reconociendo que el idioma es un mosaico panhispánico.
El debate del lenguaje inclusivo
El morfema “‑e” (todes, nosotres) ha polarizado opiniones. La RAE lo catalogó como fenómeno lingüístico, pero sigue defendiendo el masculino genérico como norma vigente. Este choque no es solo gramatical; toca la política y la identidad de quienes hablan español.
El español como lengua viva
El verdadero valor del debate reside en la prueba de que el español sigue vivo. Más de 500 millones de hablantes en 20 países están creando, adaptando e importando palabras cada día. La RAE, al actualizar su diccionario, no solo documenta estos cambios, sino que los valida y los lleva al mundo.




