Las olas de calor son cada vez más frecuentes, más intensas y más largas en España como consecuencia del cambio climático. El impacto en la mortalidad, especialmente entre la población mayor, es una preocupación creciente para los sistemas sanitarios.

El exceso de mortalidad por calor

El Ministerio de Sanidad y el Instituto Nacional de Salud Pública monitorizan anualmente el exceso de mortalidad asociado a las olas de calor mediante el sistema MoMo (Monitorización de la Mortalidad). Los datos de los últimos años muestran que los veranos con olas de calor intensas se asocian a miles de muertes adicionales respecto a los veranos sin episodios extremos, con la población mayor de 75 años como el grupo más vulnerable.

Por qué España es especialmente vulnerable

Varios factores hacen a España particularmente expuesta al riesgo por calor: una proporción elevada de población mayor, muchas viviendas sin climatización o con aislamiento térmico deficiente, y una cultura urbana que históricamente no ha percibido el calor extremo como un riesgo sanitario de primer orden. Las ciudades del interior peninsular —con valores que regularmente superan los 40°C en verano— concentran el mayor número de casos.

La tendencia climática

Los modelos climáticos para la Península Ibérica proyectan un aumento progresivo de las temperaturas máximas y de la frecuencia de olas de calor a lo largo del siglo XXI. El Mediterráneo se calienta a un ritmo superior a la media global, lo que intensifica los episodios extremos en toda la cuenca.

Las medidas de adaptación

El Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático contempla medidas para reducir la mortalidad por calor: sistemas de alerta temprana, protocolos de actuación social para localizar a personas mayores que viven solas, mejora del aislamiento térmico del parque de viviendas y expansión de zonas verdes en entornos urbanos para reducir el efecto isla de calor. La velocidad a la que se implementen estas medidas determinará en gran parte el impacto sanitario de las próximas décadas.