La UNESCO reconoció la Dieta Mediterránea como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2010, inicialmente de forma conjunta para España, Grecia, Italia y Marruecos. Posteriormente, en 2013, se amplió la inscripción para incluir a Chipre, Croacia y Portugal. Este reconocimiento no es una certificación de salud ni una denominación de origen: es el reconocimiento de un conjunto de conocimientos, prácticas y tradiciones culturales ligados a la alimentación en el Mediterráneo.

Qué protege el reconocimiento UNESCO

La inscripción protege los conocimientos sobre cultivos tradicionales, las técnicas culinarias transmitidas de generación en generación, los rituales sociales de preparación y consumo colectivo de alimentos, y los mercados y ferias como espacios de intercambio cultural. El reconocimiento enfatiza que la Dieta Mediterránea es un modo de vida, no solo un patrón alimentario.

Los fundamentos científicos

La evidencia científica sobre los beneficios de la dieta mediterránea para la salud cardiovascular es una de las más robustas en nutrición. El estudio PREDIMED, realizado en España, demostró en una población de más de 7.000 personas de alto riesgo cardiovascular que seguir una dieta mediterránea reducía significativamente el riesgo de eventos cardiovasculares graves respecto a una dieta baja en grasas.

Los elementos centrales del patrón son el aceite de oliva como grasa principal, el consumo abundante de verduras, legumbres, frutas y cereales integrales, el pescado, un consumo moderado de lácteos y carnes rojas, y el vino con moderación en las comidas.

El reto de la sostenibilidad

Una de las paradojas del reconocimiento es que los países mediterráneos están entre los que más se han alejado del patrón tradicional en las últimas décadas. El consumo de ultraprocesados ha aumentado y el de legumbres y pescado ha caído, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Preservar el Patrimonio UNESCO significa, en gran medida, recuperar hábitos alimentarios que la modernidad ha erosionado.