Las cooperativas de vivienda en régimen de cesión de uso se han convertido en una de las alternativas más discutidas al mercado de compra y alquiler libre en España. El modelo, que combina la propiedad colectiva con el derecho de uso individual, tiene décadas de historia en países como Dinamarca, Alemania o Suiza, y ha empezado a arraigarse en algunas ciudades españolas.

Cómo funciona

En la cesión de uso, los socios de la cooperativa aportan una cantidad inicial que les da derecho a habitar la vivienda indefinidamente, pagando una cuota mensual que cubre los gastos de mantenimiento y el servicio de la deuda hipotecaria colectiva. La vivienda no se compra ni se vende individualmente: pertenece a la cooperativa, lo que la protege de la especulación.

El modelo catalán

Catalunya fue la comunidad donde el modelo echó raíces primero en España. La cooperativa La Borda en el barrio de Sants de Barcelona es el proyecto de referencia: 40 viviendas construidas sobre suelo cedido por el Ayuntamiento en régimen de cesión de uso por 75 años. El proyecto demostró que el modelo era viable en el contexto urbanístico español.

La expansión a otras ciudades

Madrid, País Vasco y Valencia han visto surgir proyectos similares en los últimos años. Los grupos de demanda se organizan con antelación, a veces años antes de que el proyecto se materialice. Las listas de espera reflejan un interés creciente, especialmente entre familias jóvenes que buscan estabilidad de tenencia sin asumir una hipoteca individual a 30 años.

Los obstáculos

El acceso al suelo es el principal cuello de botella: sin suelo público cedido por administraciones locales, los costes se disparan y el modelo pierde su ventaja frente al mercado convencional. La financiación bancaria también es más compleja para entidades cooperativas que para particulares o promotoras privadas.