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Foto de Sech
Reggaetón / Pop

Sech

🇵🇦 PA Reggaetón / Pop 💿 4 álbumes

El panameño cuya canción Otro Trago se convirtió en el himno del verano y le catapultó a la fama internacional.

💿 Discografía

📖 Biografía

Sech: el tipo que convirtió el reggaetón en un susurro adictivo

El primer acorde de *Otro Trago* suena en un bar de Madrid a las tres de la mañana. No hay coreografía, ni luces de neón, ni un ejército de bailarines. Solo una voz grave que se cuela entre el humo de los cigarrillos y el olor a cerveza derramada, repitiendo eso de *"Dímelo, Flow, que otro trago me voy a tomar"*. La gente no canta: aúlla. No baila: se balancea como si el suelo se moviera bajo sus pies. Ahí está la magia de Sech. No es el que más grita, ni el que más brilla. Es el que hace que el reggaetón suene a confesión, a algo íntimo incluso cuando lo escuchan 50.000 personas en un estadio.

Nació en Río Abajo, un barrio de Panamá donde el asfalto huele a salitre y las noches se alargan entre domino y botellas de Seco Herrerano. No fue un niño prodigio. Mientras otros artistas de su generación firmaban contratos antes de cumplir los veinte, él repartía pedidos en moto, soñaba con ser futbolista y grababa canciones en SoundCloud como quien manda un mensaje de voz: sin pretensiones, pero con una naturalidad que enganchaba. "El reggaetón no era un género para mí, era el sonido de mi casa", ha dicho en entrevistas. Y se nota. En su música no hay postureo, solo esa cadencia lenta, casi hipnótica, como si cada canción fuera un susurro al oído de alguien que ya está bailando antes de que empiece la música.

De repartidor a rey del *slow reggaetón*

El éxito no le llegó de la noche a la mañana. *Sueños* (2018), su primer álbum, pasó sin pena ni gloria. Pero en 2019, *Otro Trago* lo cambió todo. El tema, producido por Dímelo Flow y con Darell en los coros, no era solo una canción: era un ritual. Ese *"otro trago me voy a tomar"* se convirtió en el mantra de una generación que baila con los pies en el suelo y la cabeza en las nubes. El vídeo superó los mil millones de vistas en YouTube, y de repente, Sech dejó de ser "el tipo de Panamá" para convertirse en un fenómeno global. Lo curioso es que no reinventó la rueda. Tomó el reggaetón clásico, le quitó el exceso de autotune, le añadió un toque de dancehall y lo envolvió en una atmósfera de humo y ron. El resultado fue algo nuevo sin parecer forzado.

Sus siguientes discos, *1 of 1* (2020) y *42* (2022), confirmaron que no era flor de un día. Temas como *Relación* o *Sal y perrea* demostraron que su fórmula —ritmo pausado, letras que oscilan entre lo romántico y lo callejero, y esa voz que parece hecha para noches de desvelo— tenía algo adictivo. No es el artista más técnico, ni el que más experimenta. Pero tiene lo que pocos: un estilo reconocible en los primeros cinco segundos de cualquier canción. "No soy el mejor rapeando, pero sé cómo hacer que la gente sienta", dijo en una entrevista con *Billboard*. Y vaya si lo logra.

Panamá en el mapa (otra vez)

Antes de Sech, el reggaetón panameño vivía a la sombra de Puerto Rico y República Dominicana. Sí, estaba El General con sus clásicos de los 90, pero desde entonces, el país había quedado relegado a un segundo plano. Hasta que llegó él. Con *Otro Trago*, Panamá volvió a ser relevante en la conversación global. No fue casualidad. Sech entendió algo que muchos artistas pasan por alto: el reggaetón no es solo ritmo, es actitud. Y la suya —desenfadada, cercana, sin necesidad de gritar para que lo escuchen— conectó con una audiencia cansada de los excesos del género.

Los premios llegaron después: un Latin Grammy, colaboraciones con Bad Bunny y Rosalía, giras por Europa y Estados Unidos. Pero lo más interesante no es lo que ha logrado, sino cómo lo ha hecho. Mientras otros artistas se suben al carro de la fama y se olvidan de sus raíces, Sech sigue siendo el mismo tipo de Río Abajo. Sus tatuajes —el mapa de Panamá en el brazo, frases en spanglish— son un recordatorio constante de dónde viene. "La música es mi forma de contar historias", ha dicho. Y vaya historias: de amor, de fiesta, de noches que se alargan hasta el amanecer. Historias que, al final, son las de todos.

El milagro de sonar a verano (incluso en invierno)

En un género saturado de éxitos efímeros, Sech ha logrado algo raro: que sus canciones suenen a clásico desde el primer día. No es el artista más innovador, ni el que más vende. Pero tiene lo que pocos: una capacidad única para crear atmósferas. Escucha *Vacaciones* o *TBT*: no son canciones, son recuerdos. Recuerdos de noches de verano, de copas derramadas, de risas que se mezclan con el sonido de las olas. "Quiero que la gente sienta que está en una fiesta, aunque esté solo en su habitación", confesó en una entrevista. Y lo consigue. Porque su música no pide que la bailes: te invita a perderte en ella.

Hoy, con varios discos en el mercado y una carrera consolidada, Sech sigue siendo un enigma. No es el típico artista de reggaetón. No tiene coreografías milimétricas, ni un ejército de bailarines, ni letras llenas de autos de lujo. Es, simplemente, un tipo con un micrófono y una voz que parece hecha para susurrar al oído de medio mundo. Y eso, en un género donde todos gritan, es casi un acto de rebeldía.

El próximo verano, cuando suene ese primer acorde en una fiesta, en un bar o en el altavoz de un móvil, habrá dos tipos de personas: las que bailan sin saber por qué, y las que sonríen porque saben exactamente lo que están escuchando. Un pedazo de Panamá, un suspiro de reggaetón, y la prueba de que, a veces, lo más poderoso no es el volumen, sino la intensidad.

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