
Un mundo sin fin
📖 Resumen
Catorce siglos de historia medieval caben en la cabeza de Ken Follett, pero fue la construcción de una catedral en el ficticio pueblo de Kingsbridge lo que reventó las listas de ventas en todo el planeta. Volver a ese mismo escenario doscientos años después de «Los pilares de la Tierra» entrañaba un riesgo enorme. La secuela, «Un mundo sin fin», demuestra que la fórmula del autor galés sigue funcionando como un reloj suizo.
La trama nos traslada al siglo XIV. Kingsbridge ya no es la aldea miserable de los inicios; ahora es un próspero enclave comercial que intenta salir adelante en mitad de una Europa convulsa. Follett sitúa la acción en un momento histórico implacable marcado por dos devastadores factores: el estallido de la Guerra de los Cien Años y la llegada de la Muerte Negra. La peste no pide permiso. Arranca de golpe y se lleva por delante a un tercio de la población europea, dinamitando la economía, la fe y la estructura social de la época.
Frente a este colapso, cuatro niños que presencian un secreto en los bosques de Kingsbridge crecen para convertirse en los motores de la historia. Caris, una mujer adelantada a su tiempo que desafía la medicina tradicional de la Iglesia
Follett vuelve a Kingsbridge con la misma fórmula que funcionó en Los pilares de la Tierra: historia épica, personajes con arcos largos, un escenario que va cambiando durante generaciones. La peste negra y la guerra de los Cien Años dan un telón de fondo más oscuro que la catedral medieval. Quizá algo más mecánica que la primera, pero igualmente disfrutable. Para quien amó Los pilares y quiere más de lo mismo; no defrauda como secuela.



