
La conjura de los necios
📖 Resumen
**La conjura de un genio contra el mundo: Ignatius J. Reilly y la novela que se negó a morir**
Nueva Orleans, 1963. Un hombre de treinta años, metro noventa y ciento treinta kilos de peso, se planta frente a un escaparate de la calle Canal con un sombrero de cazador verde, una camisa de franela manchada de mostaza y unos pantalones que parecen a punto de reventar. No es un vagabundo, aunque lo parezca. Es Ignatius J. Reilly, filósofo medieval perdido en el siglo XX, convencido de que la humanidad ha traicionado los ideales de Boecio y que su misión es restaurar el orden divino desde el sofá de su madre. O desde un puesto de salchichas. O desde el baño de un cine de barrio, donde pasa horas redactando manifiestos en cuadernos de espiral mientras devora bombones de chocolate.
Lo que empieza como una sátira grotesca sobre un inadaptado se convierte, página tras página, en una de las críticas más feroces —y divertidas— que se hayan escrito sobre la estupidez humana. *La conjura de los necios* no es solo una comedia; es un espejo deformante que refleja, con una precisión quirúrgica, la mediocridad de la burocracia, la hipocresía de la clase media y la idiotez disfrazada de progreso. Toole, su autor, no se limita a reírse del mundo: lo desmonta con saña, pieza por pieza, y lo vuelve a armar con los tornillos flojos para que cruja.
El libro casi no existe. Toole lo terminó en 1969, lo envió a varias editoriales y recibió un no tras otro. La frustración lo llevó al suicidio en 1969, a los treinta y un años. Pero su madre, Thelma, una mujer tan obstinada como su hijo, se negó a dejar morir el manuscrito. Durante años, lo llevó de editorial en editorial, hasta que en 1980 —once años después de la muerte de Toole— un profesor de la Universidad de Luisiana, Walker Percy, lo leyó por casualidad. Percy, que ya era un escritor consagrado, quedó tan impactado que escribió el prólogo de la primera edición. "No puedo recomendar este libro con suficiente énfasis", dijo. No exageraba.
Hoy, *La conjura de los necios* es un clásico moderno, traducido a más de cuarenta idiomas y con millones de ejemplares vendidos. Ganó el Pulitzer en 1981, un premio póstumo que Toole nunca supo que recibiría. Pero más allá de los galardones, lo que perdura es la voz de Ignatius: un personaje tan insoportable como genial, tan ridículo como conmovedor. Es el antihéroe perfecto, un Quijote obeso y paranoico que libra su guerra particular contra el "mundo moderno" —ese concepto difuso que, según él, ha convertido a la humanidad en una manada de borregos consumistas—.
La novela funciona porque Toole no juzga a sus personajes. Los expone. Ignatius es un monstruo de egoísmo, pero también un intelectual atrapado en un cuerpo que odia y en una ciudad que no lo entiende. Su madre, Irene, es una mujer patética y manipuladora, pero también una víctima de su propia cobardía. Myrna Minkoff, la activista feminista que se obsesiona con él, es una caricatura de los movimientos sociales de los sesenta, pero también una mujer que busca desesperadamente un propósito. Hasta los secundarios —el policía corrupto, el dueño del bar, el vendedor de salchichas— son retratos tan vívidos que parecen salidos de un documental.
Lo más aterrador de *La conjura de los necios* es que, pese a estar ambientada en los años sesenta, no ha envejecido ni un día. Ignatius podría ser hoy un *influencer*
Toole no vivió para ver su éxito y es una de las grandes injusticias literarias. Ignatius Reilly es inmortal y desternillante.



