🎬 Películas de Margot Robbie (2)
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Margot Robbie es una de esas actrices que te dejan con la boca abierta. Recuerdo la primera vez que la vi en *El lobo de Wall Street*, donde interpretó a Naomi Lapaglia, la esposa ambiciosa y explosiva de Jordan Belfort. La escena en la que le lanza un vaso a DiCaprio mientras grita "¡No me toques, jodido psicópata!" se convirtió en un momento icónico. Pero lo que realmente me impresionó fue su capacidad para robar una película con solo una mirada o un gesto. Nacida en Dalby, un pueblo de Queensland, Australia, en 1990, Robbie creció en una granja, ordeñando vacas antes de ir al colegio. Su infancia no tuvo nada de glamuroso, pero su primer contacto con la actuación fue en obras escolares. A los 17 años, con una maleta y un billete de ida a Melbourne, empezó a buscar trabajo en televisión. No tardó en conseguir papeles en series australianas como *Neighbours*, donde interpretó a Donna Freedman durante tres años. Pero Robbie no quería quedarse en el circuito local. En 2011, con 21 años, se mudó a Los Ángeles con la misma determinación con la que había dejado su pueblo natal: sin contactos, sin agente y con la certeza de que, si no lo intentaba, se arrepentiría. El salto a Hollywood no fue inmediato. Durante un año, hizo audiciones para papeles menores en películas que nadie recuerda. Hasta que en 2013 llegó *El lobo de Wall Street*. No era el protagónico —ese era para Leonardo DiCaprio—, pero su papel como Naomi Lapaglia la puso en el mapa. Después vinieron papeles que confirmaron su versatilidad: la reina Isabel I en *Mary Queen of Scots* (2018), donde compartió pantalla con Saoirse Ronan en un duelo actoral memorable; Sharon Tate en *Érase una vez en Hollywood* (2019), donde Tarantino le dio el papel de la actriz asesinada por la familia Manson, y que interpretó con una mezcla de dulzura y melancolía; y, por supuesto, Barbie en 2023. Pero si hay un papel que la consolidó como actriz de peso fue el de Tonya Harding en *Yo, Tonya* (2017). Interpretar a la patinadora sobre hielo caída en desgracia no era fácil: Harding era una figura polarizante, una mujer que había pasado de ser una estrella del deporte a un chiste nacional. Robbie no solo se metió en su piel, sino que aprendió a patinar —y a caer— como ella. La película, dirigida por Craig Gillespie, mezclaba comedia negra con drama crudo, y Robbie se movió entre ambos registros con una precisión quirúrgica. La escena en la que Tonya, en plena crisis, se arranca el vestido de competición con rabia es de esas que se quedan grabadas. Ganó una nominación al Oscar y dejó claro que no era solo una cara bonita. Robbie tiene un don para elegir proyectos que la colocan en el centro de la conversación, una y otra vez. Y no solo se trata de su talento, sino de su capacidad para arriesgarse y explorar diferentes registros. Es una actriz que no tiene miedo de ser vulnerable, de ser fea, de ser imperfecta. Y eso es lo que la hace tan fascinante. Cuando la vi en *Érase una vez en Hollywood*, me flipé con su interpretación de Sharon Tate. Era como si estuviera viendo a la actriz real, no a una imitación. Y en *Barbie*, logró hacer que una muñeca de plástico fuera creíble y emocionalmente resonante. Es un riesgo que pocos actores se atreverían a correr, pero Robbie lo hizo con estilo y gracia. Margot Robbie es una actriz que te deja sin aliento. Su capacidad para robar una película con solo una mirada o un gesto es impresionante. Y su versatilidad es algo que pocos actores pueden igualar. Es una verdadera estrella de Hollywood, y no solo por su talento, sino por su valentía y su disposición a arriesgarse. Así que si no has visto ninguna de sus películas, te recomiendo que lo hagas. Te aseguro que no te decepcionará.
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